ACTITUDES SALUDABLES, TEXTO COMPLETO

Wednesday, December 15, 2004

ACTITUDES DE VIDA SALUDABLES

ACTITUDES SALUDABLES. ÍNDICE
Introducción
1.Actitudes saludables
1.1. Actitud de vida
1.2. Sentirse responsable de la propia vida.
1.3. Si queremos mejorar las cosas, tendremos que comenzar por la mejora de lo único que depende de nosotros: nuestra conducta.
1.4. Lo que da estabilidad a la conducta es actuar por convicción
1.5. Guiarnos por actitudes y comportamientos más que por resultados. poner la seguridad donde realmente está
1.6. Actuación en conciencia
1.7. Guiarse por la raíz de los problemas. No intentar tratar sólo las manifestaciones.
1.8. A la hora de solucionar un problema, tener una amplia visión de todas las personas implicadas
1.9. Pasos buenos. Hay una forma idónea de lograr las cosas.
1.10.Aceptación de las circunstancias en principio adversas
1.11. Sana autocrítica ante los acontecimientos adversos.
1.12. Sinceridad con los propios sentimientos
1.13. El mayor bien o el mayor mal sale de nosotros
1.14. Huir de satisfacciones mediocres
1.15.La preocupación no es inocua
1.16. Las mayores limitaciones proceden de la mente
1.17. No se puede demorar nuestra buena actuación hasta que no actúe así la mayoría o intentar disculparnos de nuestra mala actuación porque así actúa la mayoría
1.18. Atreverse a ser uno mismo
1.19. Tengamos la actitud de aprender continuamente

2. A tener en cuenta:
2.1. El trabajo siempre da sus frutos
2.2.No hay nada sin trabajo previo
2.3. Toda buena acción por pequeña que sea da sus frutos.
2.4. No es lo deseable estar esperando que otro se comprometa para nosotros no complicarnos en absoluto. Cada persona tiene su responsabilidad
2.5. El sentido de la vida de forma deseable no es nada concreto, es una actitud
2.6. El criterio ajeno no es el que marca la eficacia de una acción sino que es su intención
2.7. Lo que importa es lo que sea, no lo que parezca
2.8. No es posible ser perfecto si uno es egoísta
2.9. La verdadera fortaleza es interior.
2.10. No sólo los gobernantes o la administración tienen responsabilidad.
2.11. El tener buena intención protege.
2.12. No es compatible intentar hacerlo uno lo mejor posible y pretender uno tener aplauso social, o ni tan siquiera ser entendido por todos.
2.13. El óptimo desarrollo de la creatividad se logrará con un óptimo enfoque vital.
2.14. Una de las cosas que produce libertad y tranquilidad es reconocer las propias limitaciones, los propios fallos.
2.15. Todo lo que uno haga en su vida privada repercute en la sociedad
2.16. Lo que cada uno puede hacer es mucho
3. Implicación de estas actitudes en situaciones concretas
3.1. Ante una agresión
3. 2. Afrontamiento del estrés
3. 3. Depresión, actitudes que podrían mejorarla o prevenirla
3. 4. Incorporarse a una ONG
3. 5. Cómo evitar que se cometan delitos.
3. 6. Educación de hijos
3. 7. Causas de la violencia.
3. 8. Implicación de la actitud en el tratamiento de la drogodependencia
3. 9. Óptimo enfoque de los estudios científicos. la influencia de la actitud de los profesionales.
3. 10. Violencia doméstica
3. 11. Situación de paro.
3. 12. Tratamiento de la pobreza material en el mundo
3. 13. Interesados en promover la paz
3. 14. Ante la injusticia y ante la contrariedad
3. 15. A la hora de acercarnos a un enfermo
3.16. La jubilación.
3.17. El matrimonio
3.18. Influencia de los factores psíquicos en la enfermedad
3.19. "Tengo que ocuparme de mí"
3.20. Educación en la escuela
Conclusiones
Bibliografía

INTRODUCCIÓN
En la salud mental intervienen múltiples factores. No todos son conocidos ni susceptibles de tratamiento. Dentro de los factores cuyo tratamiento está a nuestro alcance tenemos las actitudes de vida de la persona.
Las actitudes de la persona influyen mucho en la salud. El ejercicio de unas actitudes de vida sanas puede curar por sí solo el malestar de una persona o bien, en el caso de existir una enfermedad, puede colaborar beneficiosamente en su evolución o en la adaptación a la misma. En cualquier caso favorece la salud y el desarrollo óptimo de las cualidades de la persona.
Dentro de las actitudes sanas tenemos:
1.1. Actitud de vida:
A grandes rasgos, podríamos hablar de la existencia de dos actitudes vitales contrarias y extremas. La actitud más deseable sería el encaminarse a hacer lo máximo posible por el bien común con la propia vida, con los propios talentos. La actitud menos deseable sería, por el contrario, sólo pensar en beneficiarse a uno mismo o a los suyos. Ambas actitudes, como direcciones u objetivos vitales, son incompatibles. Hay que elegir una.
Curiosamente cuando uno piensa en hacer algo de forma generosa por la sociedad hace lo máximo por su familia ya que le transmite esa generosidad. El que sólo piensa en los suyos le hace el peor de los daños, los educa en el egoísmo, es decir, los maleduca, luego no podrá sorprenderse de que el egoísmo del familiar adopte una forma diferente al propio.



El amor a la familia lo da la naturaleza, pero la calidad de amor a la familia lo da la calidad de la propia vida. Si una familia se encamina como objetivo de vida al bien de los suyos querrá a su familia pero no se encaminará a su auténtico bien sino que se encaminará a bienes más superficiales o lo educará en formas de vida también interesadas que no le guían bien, así puede encaminarse por ejemplo a que no le falte de nada y hacia que están cómodos o a que también trabajen para ellos mismos. Si una persona antepone el bien de los suyos al bien común hace daño a los suyos y a sí mismo.
La actuación encaminada al bien común tendrá que estar libre de intereses particulares, los cuales pueden ser muy sutiles y sencillos como, por ejemplo, no querer salirse de lo habitual en lo más mínimo.
A veces una actuación, con una dirección aparentemente acertada, no ha resultado beneficiosa. Muchos dirán que se han hecho grandes atrocidades en nombre de una buena causa. Sin duda, estas personas, en algún momento del camino, confundieron sus intereses superficiales personales con los intereses comunes y trabajaron, pero no de forma desinteresada. En este caso, los demás no serían sino meras disculpas para sus propias ganancias, ya fueran económicas, de popularidad, de poder o comodidad, y, en definitiva, para la satisfacción del egoísmo personal. Por eso, es fundamental estar atento a todo aquello que nos tira y nos influye pero no nos conduce al bien de los demás, ni tampoco al propio bien verdadero, ya que sólo serviría, inútilmente, para satisfacer nuestra vanidad. Tenemos que saber que la vanidad nos tira, que las presiones familiares y sociales nos tiran y que "el qué dirán" nos influye. Tenemos que saber todo esto para poder sobreponernos a todos estos intereses, que, en definitiva, son intereses superficiales y egoístas, porque no están guiados por hacer un bien real a las personas por las que nos sentimos presionados, sino, tan sólo, por un bien superficial y pobre.
Como decíamos, con esta dirección de lo que en principio una persona pudiera pensar que es el bien común, no todo vale. A veces se oyen barbaridades sobre lo que la gente dice que haría por el bien común. Sin duda, cada uno verá la solución según lo que haya vivido hasta ese momento, ya que la conciencia se forma y se deforma, teniendo en cuenta, además, que, en principio, la intención no está purificada de intereses particulares.
Yo le diría a alguien que quiera cambiar de vida que, en principio, cuente con que puede tener la conciencia deformada por sus decisiones anteriores y que, en principio, descarte, al menos, lo que considere malo y lo ilegal como solución de las cosas. Si va avanzando por el camino de búsqueda del bien desinteresado y va depurando su intención día a día, ya irá viendo que hay una forma idónea de conseguir las cosas.
La intención tiene que estar muy depurada para trabajar por el bien dado que lo más eficaz, muchas veces, puede parecer inútil, y existe la tentación de elegir lo aparente, el ser aplaudido, y luego, al comprobar que no se ha solucionado nada o se han empeorado las cosas, eximirse de cualquier responsabilidad, lo cual, en cuanto a comportamiento humano, es fácil, dada la cantidad de factores que influyen, aunque, sin duda, lo bien intencionado genera un mayor bien.
La actitud de vida es la actitud básica en la que se van a sustentar las demás. Es como la actitud troncal de la que se van a derivar todas las actitudes ante determinadas situaciones como ramificaciones de este tronco o árbol. Con una buena actitud vital tenemos todas las demás, y sin ella, no tendremos ninguna realmente. Si esa persona tiene una actitud vital muy materialista, muy egoísta, aunque su egoísmo incluya la familia, los conocidos o incluso la propia asociación o partido, pero en definitiva, uno mismo y sus asuntos, su concepto del bien se irá empobreciendo.
No podemos engañarnos a nosotros mismos y no ver la cantidad de intereses superficiales y particulares por los que se mueve una gran parte de la población. Cuando el deseo del bien a los demás está por encima del propio interés material, incluyendo consentir con los intereses ajenos superficiales, que no reales, se puede colaborar en la mejora del mundo.
Por supuesto, tenemos unas necesidades materiales, pero éstas no nos sirven como enfoque o dirección vital. La mente se hace más creativa y capaz cuando trabaja en la dirección del bien común.
La actitud vital acertada es básica. La misma va a marcar la actitud hacia los acontecimientos de cada día, hacia la adversidad, así como el acierto, en mayor o menor medida, de su afrontamiento. La actitud vital será como el tronco y las actitudes hacia los acontecimientos concretos serán las ramificaciones. Los comienzos pueden ser múltiples. Se puede comenzar por afrontar bien un acontecimiento, vencerse y buscar el bien real de todas las personas implicadas en el mismo, ya que el bien real es uno, el mismo para todos, no ocurriendo lo mismo con los bienes superficiales o intereses materiales, los cuales pueden nutrirse del daño del otro en este sentido material.
A alguien que quisiera poner esto a prueba, yo le diría, que empiece a trabajar en conciencia en su trabajo, por ejemplo, que empiece a tener la actitud de beneficiar a los que reciben el fruto de su trabajo o servicio de la mejor forma posible. Si da el primer paso, en cuanto sea capaz de hacer algo bueno, aún a riesgo de quedar mal o de perder en alguna medida en lo que se refiere a su imagen personal, siendo por ejemplo criticado, tendrá la alegría de haber hecho algo bueno y sabrá, en alguna medida, ya en este primer paso, que de su acción se va a derivar un bien, aunque no lo vea. Al trabajar por los demás hay dos grandes tipos de esfuerzo: el primero, un esfuerzo físico y el segundo, un esfuerzo de vencer la propia vanidad, la esclavitud de la propia imagen, nuestro afán de poder, aún en pequeña escala, o nuestra necesidad de poner la seguridad en lo material o tangible, en vez de ponerla en donde verdaderamente está, en nuestra propia actuación bienintencionada y en conciencia. La vanidad nos puede vencer en cosas muy sutiles incluso revestidas de bien, así como, la presión externa que pudieran hacernos con la intención de manipular nuestra conducta, también puede hacer alusión a un bien por supuesto ficticio o aparente. Con respecto al esfuerzo físico, y sin quitarle el mérito que tenga, diré que no parece que sea el más difícil de poner en práctica por la gran mayoría de la población. Sin embargo, el otro tipo de esfuerzo es totalmente minoritario, ¿quién está dispuesto a perder su trabajo por hacer un bien?, ¿quién está dispuesto a ser poco considerado por hacer un bien?, ¿quién está dispuesto a quedar por raro o diferente por beneficiar al mundo? A veces el actuar bien puede parecer a los ojos mundanos no hacer nada, colaborar con el mal o hacer el tonto. Pero la diferencia entre actuar totalmente conscientes de la propia actuación encaminada a un bien real y la actuación sin sentido o tonta es que la primera tiene un objetivo muy claro, y la segunda no.
Así podrían decirte: "Eres un egoísta, no te interesan los demás(si no favoreces sus intereses superficiales) sólo te interesan tú y tu conciencia". Hay que tener muy clara la buena intención, para no sucumbir ante toda esta presión. Cuando uno actúa bien, desde luego, la ganancia está asegurada incluso para el que presiona, el cual por lo menos recibe un ejemplo.
La elección de un camino no sería más que elegir en dónde poner nuestra seguridad.
El que pone la seguridad en lo material, la pone donde no está. La casa o castillo se le puede desmoronar en un día, y dirá que lo ha perdido todo, que ha perdido todo lo que había hecho, y realmente sería así, si ese fuera el único fruto de su trabajo. En cambio, el que va trabajando por el bien común camina sobre sólido, eso ya no se pierde en un segundo, ni se lo lleva ninguna riada, eso perdura, y la persona se adaptará mejor a la adversidad por difícil que sea.
Hay que elegir dónde se pone la seguridad y esa es una decisión personal. Una vez tomada, uno se podrá unir a un grupo, o incluso pudo haber sido previamente ayudado a la hora de tomar tal decisión, pero la decisión no es del grupo, sino que es individual, aunque pueda vivirse en grupo o de cualquier otra forma. Uno no puede decir que no elige eso hasta que no lo elija la mayoría. El que tiene la suerte siquiera de vislumbrar que eligiendo lo bueno acierta y eligiendo lo aparente o interesado se equivoca, no debería demorar su elección. Puede que en otro momento ya se le olvide al ser llevado por la corriente que arrastra fuerte.
La naturaleza y el ser humano son muy ricos. No sabemos ni podemos imaginarnos lo que ambos podrían dar de sí, si todo el mundo trabajase por el bien común. ¿nos podríamos imaginar lo que surgiría si todos trabajásemos por un mundo mejor? Vemos el motivo por el que se mueven la industria alimentaria, la industria farmacológica, el tendero de la esquina, el agricultor, el estudiante, el ama de casa, el dueño del restaurante o la cafetería y el médico o el abogado. La naturaleza, que es muy sabia, da avisos como pueden ser aumento de los niños con problemas de conducta, desmotivación, consumo de alcohol y accidentes en jóvenes, separaciones de matrimonios, enfermedades, ansiedad, depresión, además de grupos violentos, accidentes medio-ambientales, guerras, sectas. No sabemos por supuesto qué porcentaje de alguna de estas situaciones surgiría en el caso de que el mundo se moviese por otro tipo de intereses, aunque, sin duda, serían menos frecuentes.
Si la actitud de vida que se elige es ir haciendo lo máximo por el bien común, no cabe duda que se verán las cosas de forma diferente a la hora de afrontar cualquier adversidad, además de ser uno más consciente del efecto de la propia actuación o respuesta ante dicha adversidad. Pensando en el máximo bien común, no el limitado a lo físico, sino equiparándolo a la vida plena, esto es, llena de sentido, la persona se pondrá en la línea de encontrarle un sentido a las pérdidas y acontecimientos dolorosos de cada día, sin que esto signifique necesariamente eliminar el dolor. Se eliminaría el sufrimiento eliminable, y es posible, que quedase el resto amortiguado. Un acontecimiento doloroso al que se suma mucha rabia y hostilidad multiplica su dolor.
La persona humana se desarrolla en diferentes ámbitos, estando relacionada su conducta en los mismos. La persona es una, está integrada por su actitud en los diferentes ámbitos en los que se mueve: laboral, estudiantil, social o personal. La actuación de una persona en un ámbito, no es ajena a la actuación en otro ámbito. Una persona poco honesta en el campo laboral, ¿qué impedimento va a tener para no dejarse guiar por lo que le apetece en el terreno personal y familiar, y ser infiel a su cónyuge por ejemplo? El vacío de su vida, su baja satisfacción y contento personal, su visión de las cosas, le llevarán a una relación de pareja pobre y, sin duda, poco satisfactoria. Una vez que esto ha ocurrido, si aparece una tercera persona, ¿cuál sería el impedimento para dejarse llevar por lo aparentemente más placentero? Si un miembro de la pareja crece como persona ayudará a crecer a su pareja y al contrario; esto es muy importante, aunque por supuesto existen otros factores y otras influencias. La influencia que un miembro de la pareja ejerza en un ámbito, por ejemplo, en el laboral, influirá en el ámbito de su propia relación de pareja al hacerlo en la persona integral del otro. Así por ejemplo, si un miembro de la pareja ayuda al otro a crecer como persona desarrollando una actividad laboral encaminada al bien común, se acercará a tener una buena relación de pareja y, por el contrario, si un miembro de la pareja no ayuda a su pareja en este sentido o lo incita, por ejemplo, a encaminarse a un enriquecimiento material con su trabajo puede sufrir las consecuencias adversas que no desea en otros terrenos como su propia relación de pareja. Por supuesto, para ayudar a otra persona a crecer, uno mismo tiene que ir creciendo como persona, con una buena actitud vital. Será también esta actitud la que favorezca el óptimo afrontamiento de las dificultades que sin duda surgen en una vida en común, así como el afrontamiento de las limitaciones o defectos del otro.
Las cualidades de la persona se desarrollan mejor con un buen objetivo, que es el que dirige la conducta. El objetivo más saludable es el pensar en aportar algo a los demás; paradójicamente, este objetivo de buscar el bien común, sobre todo cuanto más desinteresado sea, es lo que más desarrollo personal y felicidad produce.
La actuación concreta que se deriva de una buena actitud, es muy amplia y variada dado que la actitud es fundamentalmente una dirección, y la conducta dependerá de las cualidades y circunstancias personales de la persona con esa dirección. Los talentos son diversos, por lo que para calificar a algo de bueno o malo tendremos que recurrir a la motivación y al grado de formación de la conciencia, excepto, claro está, cuando la conducta sea ya claramente no deseable o mala en sí misma. Cada uno tendrá que ir viéndolo en su caso. Una buena actitud vital y con ello un aprovechamiento óptimo de la vida está al alcance de cualquier persona. No así, por supuesto, el llegar a tal o cual puesto, para lo cual en ocasiones se necesitan cualidades específicas.
El tener una buena actitud no quiere decir que una persona deje de tener dudas o bien que actúe de la mejor forma posible, sino que la buena actitud le predispone a elegir y a hacerlo de la mejor forma posible dentro de sus posibilidades o bien facilitaría el derivarlo a otra persona si considerase que ésta lo haría mejor.
Una óptima actitud ante una situación familiar requiere una buena actitud vital en terrenos donde no están tan implicados, en principio, los afectos como el terreno social o laboral. Es posible, que en un momento determinado uno tenga muy buena intención para mejorar a su hijo, amigo o conocido. Su forma de ver las cosas y sobre todo la forma de ver lo que les viene bien o necesitan esas personas estará condicionada por su actitud vital.
Aunque en principio estemos contaminados con múltiples intereses e interferencias de todo tipo, convendrá ir intentando sobreponerse a ellas, y, en principio, adaptar nuestra conducta a una actuación hacia el bien de las personas, lo cual facilitará que surja el sentimiento de amor por ellas.
Por el contrario, el juzgarla como persona, la falta de comprensión, así como el no beneficiarla en nada, nos alejará del sentimiento de amor. Interferencias o intereses que podrían hacer desviar nuestra conducta de un buen objetivo podrían ser además del beneficio económico, una necesidad de gratificación, halago o buena imagen o una necesidad de garantizar unos resultados al 100%. Con respecto a este último punto tenemos que tener en cuenta que, cuando está implicada en los resultados la actuación de otra persona, siempre tenemos que contar con su libertad personal. Si obviamos esta libertad personal y queremos controlar u obtener unos resultados concretos y a corto plazo aparentes, tendremos que saber que estos muchas veces son contraproducentes con respecto a la consecución de unos verdaderos resultados a largo plazo, en los que también esté implicada la convicción de una persona. Muy importante de cara al voluntariado o a personas que brindan cuidado a los demás es tener en cuenta que lo que da más estabilidad a la conducta son las motivaciones sólidas. El actuar por miedo a un castigo o a un peligro, o adoptar una determinada conducta para obtener una gratificación, son motivaciones que no dan estabilidad a la conducta. Sin embargo, el actuar bienintencionadamente, independientemente de la obtención de una gratificación o de la evitación de un castigo, es lo único que da estabilidad a la conducta, la cual continuará con la misma dirección constructiva independientemente de la respuesta superficial exterior de halago o crítica. Intentar beneficiar a los demás no debe confundirse con dejarse manipular y hacer lo que otra persona quiere o decida que hagamos.
Se puede tener miedo a quedar como egoísta al decir que no, o incluso alguien podría pensar que para ser bueno tiene que atender las demandas superficiales de los demás. La buena intención seguramente facilitará el que uno se pueda sobreponer a esta dificultad e interferencia en su mejor actuación posible. El dejarse manipular tiene unas graves consecuencias negativas. Sirve de ejemplo poco constructivo para los demás, se transmite inseguridad en la propia actuación bien encaminada, y se potencian actitudes poco saludables de la persona que manipula como enfocarse la misma hacia recibir más que hacia dar. Nada tranquiliza tanto a una persona manipuladora como encontrarse con otra que, lejos de atender sus demandas superficiales, atiende las necesidades reales que subyacen a éstas y para ello, en principio, nada mejor que el ejemplo de la propia actuación bien intencionada aún a riesgo de no ser la más aparente. Por supuesto, en este caso la propia conducta no se explica, sino que se deja que hable por sí misma. Las explicaciones de la propia conducta, cuando no están indicadas o cuando se encaminan a que el otro nos dé la razón, podrían evidenciar inseguridad, lo cual, sin duda, no calmaría a la persona que manipula, porque no le sirve de ejemplo de algo sólido.
En el área laborar, a una persona que ya tiene un puesto de trabajo, le beneficiará pensar en aportar algo y basar en ello su seguridad y no en el mero mantenimiento de su puesto de trabajo a costa, quizá, de un trabajo inútil
o perjudicial. Pensando en hacer algo se desarrolla más su mente, si es que ha decidido quedarse en ese trabajo. No sería una buena motivación el continuar con un trabajo por el mero beneficio económico.
Si una persona piensa en hacer algo bueno, seguro que no sale defraudada pase lo que pase. Otra cosa es que nadie lo entienda, incluida su familia, pero desde luego él estará generando un bien a su alrededor y para sí mismo. El que ha empezado en el camino de buscar el bien común no tiene que escandalizarse de nada, observarlo todo y persistir con su actitud de mejorar las cosas que vea, no de tomarse la revancha ni cosas parecidas, ya que si no caería en lo mismo que observa que no está bien.
Con respecto al voluntariado: Es cierto que la injusticia del mundo recae como una pesada losa sobre la gente con menos recursos, pero es la actitud materialista generalizada, y no la de unos pocos, la que generaría esta situación.
Si un voluntario en su vida y en su trabajo pone su seguridad en lo exterior a él mismo, en mantener su puesto de trabajo a toda costa, por ejemplo, eso es lo que le transmitirá a la persona necesitada, su dependencia del exterior. Una buena actitud de vida está al alcance de todo el mundo. Sin embargo, es fácil caer en la tentación de agarrarse a lo que se ve, a lo tangible también cuando uno está necesitado.
Por supuesto, si estamos brindando ayuda a personas y creemos que esta actitud es saludable, sería bueno transmitirla y no mantener a nadie siendo un mero receptor de ayuda, sin la posibilidad de que él o ella pueda también encontrarse sano y satisfecho aportando algo, y poner su seguridad donde realmente está. Si estamos brindando ayuda a alguien, una de las mejores ayudas es crear el clima necesario para que esa persona se
encuentre a sí misma. Tengo por experiencia que en este contexto, cuando uno le sirve de

guía, no de control, y le brinda afecto encaminado a su bien auténtico y aceptación incondicional, surge lo mejor de la persona.
La persona puede pensar equivocadamente que dañando a los demás va a ser más feliz cuando es todo lo contrario. La comprensión ya disuelve desde la raíz nuestros propios malos sentimientos que podrían existir hacia la persona, y facilitaría el hacer algo más por ella, aunque ya nuestra respuesta comprensiva es de un gran valor y, por sí sola, ya sería eficaz para la otra persona, dado que cualquier sentimiento se transmite al exterior. Luego, podríamos pensar en ese estado de tranquilidad si podemos hacer algo más, puesto que los buenos sentimientos producen mucha tranquilidad, al contrario que los malos, y la mente en ese estado es mucho más creativa. Sabemos que la hostilidad se relaciona con todo tipo de enfermedades psicosomáticas y cánceres, como uno de los factores que influyen, así como el amor se relaciona con un aumento de la inmunidad y el bienestar general (Cooper 1983).
La persona materialista puede pensar, según su escala de valores, que una persona que hace daño sale ganando porque obtiene un determinado bien material. Sólo el que actúa encaminándose hacia el bien común es capaz de ver lo necesitada que está la persona que actúa mal.
Nadie puede pensar que va a actuar desinteresadamente por solo decirlo, lo mejor será empezar a actuar en este sentido hasta que pueda surgir realmente esto. Como los sentimientos no los manejamos exactamente a voluntad, el camino sería adoptar una determinada actitud y facilitar con ello que el sentimiento surja, intentando actuar en algo que beneficie a los demás, aunque al principio estemos muy contaminados con nuestro propio interés.
Si una persona actúa correctamente, de su actuación siempre se va a derivar algún beneficio aunque no lo vea. Sin duda, una persona que actúa así, sí lo sabe. Sabe que colabora en la mejora de las cosas, aunque pueda recibir críticas de ciertos sectores. Todo trabajo tiene su fruto, aunque a veces no sea el que nosotros queramos. A veces fallamos y nos estresamos al querer controlar conducta y resultados. El beneficio a los demás, no depende de complacerlos superficialmente o dejarlos muy agradecidos, sino de producirles un auténtico bien.
Si alguien quisiera dar el primer paso en este sentido sólo le diría que empiece a actuar siguiendo los dictados de la conciencia y con el objetivo de causar un bien. Yo le diría que, en principio, descarte lo malo, como, por ejemplo, agresiones, mentiras o abortos como forma de solución de nada, teniendo en cuenta que puede tener la conciencia deformada.
Si una persona es capaz de dar un primer paso eligiendo lo bueno y no lo aparente, eligiendo el beneficio real de otro y no su mera complacencia, eligiendo el bien de otro y no la satisfacción de los propios intereses personales, habrá dado ya el primer paso y se llevará la sorpresa de que después de esa dificultad de tener que renunciar al egoísmo personal, tiene una inmensa alegría, y sabe que su acción ha causado un efecto beneficioso aunque, en principio, quizá sufra varios inconvenientes personales superficiales. Después, se trataría de persistir en ese camino por muchos inconvenientes que pudieran surgir. Cada vez se hará uno más fuerte para poder hacer frente a las múltiples presiones externas que inducen a actuar como la mayoría, a seguir los caminos ya trillados o a asegurar los intereses materiales o el puesto de poder de unas cuantas personas.
No debe sorprender la dificultad de actuar buscando el bien y en conciencia, dada la estructura de grandes intereses particulares creada. Cuando la persona haya sido capaz de dar un primer paso en este sentido, tendrá el siguiente más fácil y por lo menos verá las dificultades que existen y, sobre todo, las ventajas de ello.
Por supuesto, esta actitud no habla de ninguna actuación concreta, excepto descartando, como está incluido en una de las siguientes actitudes, lo malo. La única explicación, para aquellos que han utilizado la agresión en nombre de un bien común, es su falta de depuración de su intención en alguna parte de su camino.
La consideración que tengamos de lo que es bueno o malo va a depender de la formación de nuestra conciencia, es decir, de haberla utilizado para lo que considerábamos bueno de verdad o al servicio de lo aparente o propio beneficio.

1. 2. : SENTIRSE RESPONSABLE DE LA PROPIA VIDA.
Hay una cosa que sí depende de cada uno y es hacer lo máximo con sus cualidades, limitaciones y circunstancias. Esto no quiere decir que esté en mano de cada uno hacer cualquier cosa. Hay muchas cosas que uno no puede hacer por carecer de cualidades específicas para ello, tanto en un momento determinado, como quizá para siempre. Cada uno tendrá que evaluar lo que puede o no puede, pero lo que sí está claro es que todos podemos aprovechar la vida, todos podemos hacer lo máximo con lo que tenemos.
Para mí, el poner el ejercicio de estas cualidades en la dirección del servicio a los demás es la mejor forma de aprovecharlas al máximo.
Hay gente que en vez de valorar lo que tiene, ve lo que no tiene. Están tan obsesionados con lo que les falta, cuya carencia, además, no aceptan que pueden llegar a creer que no tienen nada.
Muchas veces, uno pretende eximirse de su responsabilidad vital refiriendo la existencia de diversas circunstancias adversas o limitaciones.
Con respecto a lo fundamental, a qué hacer con lo que tenemos, nunca estamos a expensas de los demás, ni es bueno que nos sintamos así.
Cada circunstancia externa, por adversa que parezca, puede ser un motivo para crecer. A veces, tenemos un criterio muy cuadriculado y equiparamos el aprovechar la vida con hacer cosas o no tener problemas.
Tenemos una vida con una serie de características diferentes a cualquier otra. Sería una pena que no la aceptásemos ni le viésemos sus múltiples posibilidades. Cuanto más la pongamos al servicio de los demás, más le veremos sus posibilidades. Por el contrario, cuanto más la pongamos al servicio propio, menos se las veremos, y tendremos la sensación de que nos falta algo, o bien querremos tener más de aquello o de lo otro, quizá, para un mayor lucimiento o comodidad personales. Y curiosamente, cuanto más la pongamos al servicio de los demás, también de esta forma nos beneficiaremos más, nos cuidaremos más, y nos acercaremos al mayor grado de felicidad dentro de lo humanamente posible.
Hay gente que dice que ya pensará en hacer algo por alguien cuando se encuentre bien. El orden es inverso, al menos, como objetivo, aunque, por supuesto, el pensar en hacer algo por los demás ya incluya, y de la mejor manera, cuidarse a uno mismo.
Ninguna circunstancia, por adversa que sea, puede hacer que nos eximamos de nuestra responsabilidad vital.
Lo malo es que, a veces, no queremos jugar con las cartas que nos han tocado, sino que nos gustaría jugar con las del vecino. Podemos llegar a obsesionarnos con alguna característica que nos falta, y pensar que, si la tuviésemos, entonces la cosa cambiaría. Esto es un engaño, por esta vía siempre faltaría algo. La actitud o el grado de aprovechamiento de la vida nunca cambia exclusivamente por el cambio de una determinada circunstancia externa. Si no hay cambio de actitud, siempre puede dar la sensación de que falta algo, o bien, el bienestar se acabará ante la primera dificultad, la cual, por cierto, con una deficiente actitud surge con más facilidad, dado que así como la deficiente actitud dificulta el afrontamiento de las situaciones difíciles, también las fáciles se afrontarían deficientemente, no queriendo tener problemas o complicarse, por ejemplo, la persona, quizá a costa de evitar muchas situaciones o de evitar actuar para romper el frágil orden logrado. La única solución estaría en el cambio de actitud, empezar a actuar con lo que ya tenemos. Si exigimos la perfección de las mismas antes de cambiar nosotros, nunca cambiaremos, siempre nos faltará algo, siempre estaremos descontentos y cualquier disculpa parecerá buena o bien tendremos un bienestar superficial o precario.
O se hace con lo que se tiene o nunca se hará nada a no ser, claro está, que se cambie de actitud.
Las circunstancias vienen muchas veces dadas, otras las hemos propiciado nosotros, pero qué hacer a partir de este momento con ellas depende única y exclusivamente de nosotros.
No podemos echarle la culpa a nadie de no aprovechar la vida. Las circunstancias, nos pueden influir, no cabe duda, pero que nunca son responsables de nuestra conducta, ya que la respuesta a dichas circunstancias es variada y es nuestra y nada más que nuestra. La respuesta individual ante un determinado acontecimiento es nuestra. Las circunstancias son, quizá, ajenas a nosotros, pero nuestra respuesta no es ajena a nosotros. De nuestra respuesta somos los únicos responsables. Pensar otra cosa sería eximirnos de nuestra responsabilidad y poner la vida en manos de los demás o de las circunstancias, lo cual no sería sano aunque sí, quizá, más cómodo al principio.
A veces a una persona que tenga grandes aspiraciones, y tema no conseguirlas, también le resulta cómoda la disculpa de la existencia de una circunstancia difícil. Así se evita tener que enfrentarse con el riesgo de no lograr lo que pretendía. Si nos olvidamos del lucimiento personal y vamos haciendo lo que podemos, también evitaremos el tener
planes irreales para nosotros y no pretender que todo salga como a nosotros nos hubiera gustado. Curiosamente, para ponerse en el camino de una perfección real, hay que huir de perfeccionismos superficiales inmovilizadores en los que la persona no se atreve a dar un paso para no mostrar las limitaciones que, sin duda, todo ser humano tiene o por el temor a cometer los errores normales de todo caminar.
La persona que prefiere no exponerse, porque pone su confianza en los resultados y no en su buena actuación, puede tener la tentación de disculparse por circunstancias externas, ya sea un marido, un hijo, otro familiar o un vecino o amigo. De todas formas, una persona que no se haya atrevido a actuar como cree, siempre está a tiempo. Tiene tiempo hasta que la vida física se le acabe.
Cómo aprovechar la vida no tiene que ver ni con unos determinados resultados ni con tener un puesto de trabajo de ocho horas.

1. 3. SI QUEREMOS MEJORAR LAS COSAS TENDREMOS QUE COMENZAR POR LA MEJORA DE LO ÚNICO QUE DEPENDE DIRECTAMENTE DE NOSOTROS: NUESTRA CONDUCTA.
Continuamente vemos lo que está mal, lo que no nos gusta. Nos gustaría que nuestro jefe, amigo, pareja, madre, padre, hijo, se comportaran de otro modo, incluyendo su comportamiento hacia nosotros. Si queremos mejorar todo esto tendremos que comenzar por mejorar lo único que está bajo nuestro directo control, que es nuestra conducta. Por supuesto, dentro de la propia actuación está lo que uno tiene que hacer ante lo que ve que está mal. No obligando a que ellos actúen, sino actuando nosotros
Si uno no hace lo que tiene que hacer, ya no tiene nada que decirle al que hace lo mismo. Si uno no quiere exponerse a complicaciones con su conducta, ¿cómo puede exigirle a otro? No se puede justificar una persona y decir que no hace lo que tiene que hacer, porque otro no lo hace tampoco. La responsabilidad es individual e intransferible, cada uno tiene la suya. ¿Quién tiene más culpa, el que promueve lo que está mal o el que consiente con ello? Si nadie consintiese lo malo, muchas veces por particulares intereses, no surgiría la iniciativa de lo malo en muchos casos. Los que promueven el mal están muchas veces muy seguros de que nadie se va a exponer con su buena actuación a "complicarse" la vida y van a preferir consentir con ese mal, haciendo, claro está, un mal a su vez.

1. 4, LO QUE DA ESTABILIDAD A LA CONDUCTA ES ACTUAR POR CONVICCIÓN.
El bien sólo se puede elegir libremente. Para elegirlo se necesita libertad y estar convencido de su eficacia independientemente de los resultados aparentes que se obtengan de dicha elección.
La conducta puede guiarse por imitación, como ocurre en ciertos retrasados mentales, por búsqueda de una gratificación o evitación de un castigo o bien puede guiarse por convicción. La motivación más evolucionada es la convicción, y es la única que da estabilidad a la conducta. Con las otras motivaciones, la conducta dependería de ciertas circunstancias externas, con lo cual no tendría estabilidad en absoluto.
En la motivación de búsqueda de una gratificación o evitación de un castigo, la persona no cree en el beneficio de una buena actuación.
El que sólo actúa bien para obtener una gratificación o siempre que eso no le cause ningún perjuicio en el ámbito personal, realmente no actúa bien en esta sociedad, y con ello se expone a todas las graves consecuencias de poner su confianza donde no está, en los resultados externos, y no es la bondad de su propia conducta.
A veces las conductas cambian de forma sorprendente debido a este motivo, a que no se caminaba sobre sólido sino que se hacía en el aire, sobre motivaciones poco estables.
Sólo está bien el que está en condiciones de afrontar de la forma más constructiva lo que se le presente, sea fácil o difícil, sea bueno o malo.
Cuando uno cree en una respuesta buena tampoco cabría decir: "Hasta que se pueda". Si se cree en lo bueno y no en otra cosa, no hay un tope. La persona que le pone un tope, "hasta aquí", no cree en lo bueno. Le parecerá, si acaso, con más ventajas, en alguna medida, pero no cree en su eficacia. Y por supuesto, antes de llegar a ese tope su conducta ya será más pobre que la de una persona que sí cree realmente
El que elige lo bueno pero de forma condicionada: "Siempre que el otro se porte bien conmigo", no cree sin duda en la eficacia de lo bueno, sólo cree en su conveniencia. Sin duda elegirá lo bueno mientras le convenga pero dejará de hacerlo cuando no le convenga. Y el bien no siempre conviene particularmente.
Por supuesto, el que sólo cree en lo bueno si los demás se portan bien, ni siquiera en estas circunstancias su conducta sería buena auténticamente, ya que sin duda no querría las complicaciones que ésta podría comportarle.
Posiblemente, hay mucha gente que sólo ha recibido malas respuestas por su mala conducta. El encontrarse con alguien con intención constructiva ante una mala conducta es una sorpresa; sin duda, ese hecho no pasará desapercibido.
No se puede estar bien si uno no depende para ello de sí mismo, sino que depende de lo que otros hagan. Sin duda, en este último caso su estar bien sería sólo aparente y muy precario. Por supuesto, el bien que elegirían estas personas mientras todo a su

alrededor va bien sería muy precario, además de superficial y poco comprometido, más bien encaminado a estar uno bien y tranquilo que a procurar el bien real del otro.
La única gratificación que puede esperar el que actúa bien es el saber que su conducta es eficaz y le sirve a muchas personas. Elegir este bien con mayúsculas puede complicar la vida, y por ello, nadie lo elige a la fuerza. Si hacer el bien coincidiera con quedar bien, ya sería otra cuestión, pero no tienen por qué coincidir, siendo, además, contrarios como objetivos o dirección de la actuación. Hacer el bien no es una actuación interesada, no es actuar para obtener una gratificación personal, sino que el objetivo es hacer un bien real.
Para elegir el bien hace falta creer en él, independientemente de que nos traiga alguna complicación, salgamos criticados o superficialmente perjudicados en nuestras apetencias.
Por eso, a veces, las circunstancias externas desfavorables no provocan algo malo, sino que ponen de manifiesto lo que de verdad hay.
Se ha generalizado el considerar normal que cada persona actúe y trabaje para su propio interés. "Eso da dinero, de eso comen muchas familias...", "eso no se puede tocar porque da dinero y crea puestos de trabajo": se dice. Da igual que esos puestos de trabajo causen grandes daños. Da igual el daño que eso haga, el perjuicio que eso produzca; parece que hay que mantenerlo, porque da dinero. Eso no causa ningún bien ni obtiene ninguna riqueza, sólo mueve el dinero a las manos de los que hacen ese tipo de trabajo. No se distingue entre mover dinero y generar auténtica riqueza, para lo cual se necesitaría una visión amplia del asunto.



1. 5. GUIARNOS POR ACTITUDES Y COMPORTAMIENTOS MÁS QUE POR RESULTADOS. PONER LA SEGURIDAD DONDE REALMENTE ESTÁ.
Depende de nosotros el que la intención que nos guíe y nuestro comportamiento sean los mejores posibles de acuerdo a nuestras posibilidades.
De una buena actuación van a derivarse buenos resultados con seguridad, aunque no sepamos cuándo ni cómo exactamente. Sobre todo, si brindamos ayuda a otra persona tenemos que saber que toda la ayuda que le brindemos, sobre todo si pretendemos educarla, tendrá que ser incidiendo en su libertad, dado que lo que da estabilidad a la conducta es actuar por convicción, y para eso se necesita libertad. Otras formas quizá más seguras de controlar la conducta a corto plazo como inducir al miedo, prometer una gratificación inmediata, no facilitarían pautas permanentes y saludables de actuación. La conducta no tendría estabilidad.
Todo lo hecho con buena intención sirve, y no se puede supeditar la utilidad de una acción al hecho de conseguir un determinado resultado. No se puede pensar que una acción bienintencionada no serviría de nada, porque no se consiga un resultado concreto, en cuya obtención, seguramente, hay más factores implicados.
No es sano no soportar lo impredecible, la incertidumbre y, en definitiva, lo que no está bajo el control de uno.

1. 6., ACTUAR EN CONCIENCIA
Es muy importante para la salud actuar en conciencia. Es la mejor forma de evitarse conflictos mentales. A pesar de eso, no es tan habitual como sería deseable. Muchos amoldan su vida a los criterios imperantes en la época y pueden llegar a pensar que actúan en conciencia. Si se lo preguntas a cualquier persona seguramente te dirá que ya actúa en conciencia, cuando, a lo mejor, se refiere a que adapta su conducta a lo más popular del momento, con lo cual, a su conciencia, ya ni la oye. La tiene tan a raya que de momento no le da problemas. Nos encontraríamos, en esta situación, ante un caso grave de engaño personal.
Muchas personas me pueden decir que lo que está bien para una persona, puede estar mal para otra. Efectivamente, uno verá las cosas según el grado de formación de su conciencia, al haberla utilizado y seguido o no. Pero como cada uno tiene que partir desde donde está, no desde dónde tendría que estar, será bueno que vaya caminando con la dirección del bien común, tirando de su propia conciencia en el grado en el que ésta esté.

1. 7. GUIARSE POR LA RAÍZ DE LOS PROBLEMAS. NO INTENTAR TRATAR SÓLO LAS MANIFESTACIONES.
En el tratamiento de cualquier problema es fundamental el tratamiento de la raíz del mismo y no sólo de las manifestaciones o síntomas más evidentes. Si esas manifestaciones son graves, por supuesto que deberán tratarse, pero sin desocuparse del tratamiento de lo fundamental, ya que, en caso contrario, van a volver a reproducirse los síntomas o manifestaciones graves. Así como por ejemplo: ante una hemorragia con importante pérdida de sangre quizá se necesite una transfusión, pero poca ayuda se prestará al enfermo si se le transfunde sangre, pero no se trata el punto de hemorragia que originó dicha pérdida de sangre. En este caso donde las manifestaciones son graves hay que tratar éstas, y hay que tratar la causa de las mismas. Si no se trata la causa, la ayuda habría sido inútil. Si, por ejemplo, se tratase de una hemorragia leve, con tratar la causa sería más que suficiente, y ya desaparecerían las manifestaciones sobre las que no habría que hacer nada en concreto. En el caso por ejemplo de una guerra, al igual que es necesario tratar las consecuencias sanitarias y alimentarias de la misma, es necesario con igual urgencia comenzar un tratamiento encaminado a evitar que esos problemas vuelvan a producirse o se perpetúen. En este sentido creo que es un factor fundamental el mejorar las actitudes de las personas implicadas. En ningún caso puede pensarse que no puede hacerse nada en este sentido. Creo que esto sería perjudicial.
Lo mejor es encaminarse a la solución óptima del problema, y no encaminarse a una solución mediocre o que sea un parche, descartando la idónea por idílica. El planteamiento idóneo siempre logrará los mejores resultados. Por ejemplo, en un barrio marginal, donde existen niños en condiciones sociales precarias, yo creo que la mejor solución será enfocar el asunto hacia un tratamiento de toda la familia, padres e hijos, de cara a que permanezcan juntos pero en condiciones más saludables y si, a pesar de este enfoque idóneo, no fuese posible la convivencia por patología de alguno de ellos, el buen enfoque siempre orientará en la mejor dirección, y además facilitará a los niños que comprendan la actitud de los padres lo cual ,sin duda, les hará un gran bien.
Yo creo que el tipo de soluciones parciales y mediocres y las óptimas son totalmente incompatibles, ya que quien pone en práctica las primeras prácticamente parte de la base de que no cree en la curación del ser humano ni en su cambio. Se le transmitiría a la persona afectada que no se piensa que pueda cambiar, y eso no es lo deseable.
Creo que la mente funciona mejor al encaminarse a la resolución íntegra de una cuestión. De otra forma, estaríamos limitando las posibilidades de una solución óptima. No creo que la solución óptima sea utópica, además creo que es la única realmente válida. Las otras no son buenas ni eficaces, y traen nuevos males. Lo ideal es dar pasos que nos acerquen hacia resolver la raíz del problema. Muchas veces tratando la raíz desaparece una manifestación. Por ejemplo, en el caso de un adolescente con trastornos de conducta, se logrará mucho más brindándole afecto y aceptación incondicional que señalándole su mala conducta, lo cual lo único que haría sería perpetuarla. Lo más eficaz será fomentar el potencial de una persona lo cual se logra de la mejor forma permitiendo que surja con afecto y aceptación incondicional. A mí me sirve pensar que el hombre en plena libertad tiende al bien, y todo lo que se encamine a fomentar esa libertad siempre es lo mejor. El señalar e intentar controlar aisladamente una mala conducta, con la idea subyacente de que el niño por ejemplo tiende al mal y que hay que controlarlo no me parece en absoluto eficaz y, de hecho, no creo que resuelva nada, sino que, por el contrario, el recibir esas críticas le empeora. Todo lo más que podría conseguirse con críticas o castigos sería que el niño adoptase durante unos años, por ejemplo, una determinada conducta correcta a base de mucha tensión; pero no se conseguiría que aprendiese nada sólido ni que tuviese motivaciones sólidas.
Para entender esta actitud de guiarse por la raíz de los problemas podríamos pensar en una planta. Si se le secan las hojas, a nadie se le ocurre arrancárselas sin más, sino que verá si, por ejemplo, le falta agua u otra cosa, pensará por qué se le han secado las hojas. Seguramente si le falta agua y la riega no tendría que hacer nada más, las hojas secas ya se caerían por sí solas. Cualquier retoque de las hojas si fuera necesario sería después o junto al tratamiento de raíz, y ,sin duda, sería mínimo y no muy agresivo, sino ayudando a la propia naturaleza de la planta.

1. 8. A LA HORA DE SOLUCIONAR UN PROBLEMA, TENER UNA AMPLIA VISIÓN DE TODAS LAS PERSONAS IMPLICADAS
El objetivo hacia el que nos dirijamos a la hora de enfocar una situación particular es muy importante. Es importante que se encamine a aportar el máximo bien con una visión amplia del asunto. La visión amplia incluye una visión a largo plazo, mirando al futuro, no a los próximas horas ni días; así como una visión incluyendo a todas las personas implicadas en ese asunto que queramos resolver y, de forma deseable, una visión de fondo todavía mayor incluyendo a toda la humanidad.
Esta visión amplia lejos de interferir en la resolución de un problema concreto, colabora de la mejor forma en su resolución. Podría parecer complicado pero, por el contrario, simplifica las cosas.
En el caso por ejemplo del terrorismo tendrá que tenerse una visión amplia del asunto a lo largo y a lo ancho si se quiere que todo mejore de la mejor manera. La visión tiene que ser amplia, incluyendo a todas las personas implicadas y sin perder de vista la extensión de toda la humanidad. Si excluimos de la resolución de este tipo de problemas a alguien, no lo estaremos haciendo bien, y si sólo incluimos a los directamente implicados, tampoco. Luego veremos que a la hora de resolver los problemas no todo vale. Si alguien pretende resolver un asunto, por ejemplo el tema del terrorismo, a costa de lo que sea, lo primero que tiene que saber es que a la fuerza no se obtiene ninguna solución sólida; e incluso en el caso de que cesasen unas determinadas manifestaciones por lo recortado de un determinado asunto, si se ha hecho mal, seguro que surgen otros asuntos peores, y podrían surgir, por ejemplo, desde otro foco de la sociedad. Por eso es importante tener un objetivo muy amplio. No se trata de resolver lo que hace un grupo y exponerse a que surja otro, sino que habrá que buscar que haya paz, y además eso como concepto en positivo, no como gritos contra la violencia, que eso no es paz.
Con respecto a otro ejemplo de un matrimonio, si una pareja muestra su ternura pero no tienen el objetivo de procurarse el máximo bien el uno al otro, esta manifestación podría volverse del signo contrario en cualquier momento. Incluso en el momento mismo en el que todo va aparentemente bien tampoco tendría los ingredientes óptimos. Sería algo aparente.
Si una madre da de comer a su hijo, lo hará de forma muy diferente si tiene en mente su educación para todo la vida, que si sólo tiene en mente que coma ese día. El objetivo final le hará afrontar cualquier imprevisto de la forma mejor posible.

1.9. PASOS BUENOS. HAY UNA FORMA IDÓNEA DE LOGRAR LAS COSAS
Por supuesto que es saludable actuar siempre con pasos buenos y correctos en sí mismos de cara a ese objetivo que nos hemos propuesto. Todo esto favorece un avance real. Si una persona comienza a actuar en conciencia, yo le haría ver que es posible que su conciencia esté deformada y le animaría a que mientras su avance no sea mayor, descarte, por ejemplo, las agresiones y mentiras.
Al encaminarse a un objetivo bueno, no se trata de conseguirlo pase lo que pase, sino que se trata de hacer todo lo que esté en nuestra mano con pasos buenos y confiar en el resultado de ello. La mente es mucho más creativa cuando tiene un buen objetivo, cuando se encamina a beneficiar a los demás, que cuando, por ejemplo, se encamina al mal o bien únicamente a defenderse uno.
Si, por ejemplo, una persona miente por no herir superficialmente a otro, le hace un daño. Estaría optando por un bien superficial y no real. Esa mentira, además de transmitirse de alguna forma, crea barreras enormes, de comunicación entre otras. Es más sano decir la verdad, y si el afrontamiento de esa verdad por parte del otro no es el adecuado, ya se tratará. Optar por la mentira es el camino más rápido, pero el más perjudicial a la larga. Si no se conoce la verdad, no es posible afrontarla. Facilita que uno viva en el engaño y eso nunca es bueno.
Con respecto a la agresión a los demás, me gustaría decir que el pensar en hacer daño bloquea la mente al contrario que el pensar en hacer bien. Hay gente que vería como una única solución de una situación el agredir a quien por ejemplo nos está agrediendo o amenazando. Si se tuviera buena intención es posible que, en principio, no se llegase a esa situación tan crítica como, por ejemplo, la que nos muestran las películas después de haber dado los protagonistas una serie de pasos nefastos. Y, por otro lado, se les podría ocurrir algo más que pensar que se trata del bien de uno u otro. Es mejor pensar en todos los implicados en una situación.
No se consigue lo bueno con lo malo, así como no se consigue la paz con los diferentes tipos de agresión incluida la indiferencia.
Es más fácil demandar lo bueno que vivir lo bueno, con lo cual quedamos más expuestos al ridículo. El pedir o exigir lo bueno se equipara a una situación de exigencia, de aparente fuerza. Por el contrario el vivir lo bueno muchas veces se equipara a algo aparentemente muy débil, aunque por supuesto tenga la inmensa fortaleza de dejarse guiar por lo que es realmente bueno para el bien común y no dejarse esclavizar por lo aparente.
Tanto lo bueno como lo malo se expanden por lo que no podemos decir que actuamos mal para lograr un bien. Globalmente del bien sale más bien que del mal. Como ejemplo remito al lector a la situación de interesados en promover la paz.

1.10. ACEPTACIÓN DE LAS CIRCUNSTANCIAS EN PRINCIPIO ADVERSAS
Aceptación no es resignación ni tener aguante. Aceptación es verle un sentido positivo a lo que nos ocurre y para ello nada mejor que incluir dicha circunstancia dentro de un servicio a los demás.
Darnos cuenta de que por esa circunstancia es posible que nos haya cambiado la vida, pero no podemos decir que hubiéramos sido más felices sin ella. Es posible que pudiéramos decir en muchos casos que estaríamos más cómodos.
Nos adaptaremos mejor a las circunstancias adversas si equiparamos el mayor bien con tener una vida plena, esto es, una vida llena de sentido.
Si el criterio del máximo bien es muy limitado y cuadriculado, y se equipara a tener salud física y todo tipo de comodidades físicas y emocionales, no se aceptará fácilmente una circunstancia adversa, ¿qué sentido tendría? Se consideraría un estorbo.
En cambio, si el máximo bien se equipara a tener una vida plena, llena de sentido, haciendo lo máximo con lo que se tiene en la dirección del bien común, hará que todo, incluyendo circunstancias dolorosas, cobren un nuevo sentido. El incluir esa circunstancia no deseada en la dirección del bien común, facilitará que se le vea un sentido.

1.11. INTENTAR VER LA PROPIA PARTICIPACIÓN EN LAS CIRCUNSTANCIAS ADVERSAS. SANA AUTOCRÍTICA ANTE LAS CIRCUNSTANCIAS ADVERSAS
Nuestra conducta es la única que está en nuestras manos y por ello la única que podemos mejorar o empeorar directamente. Si queremos aprender tenemos que hacer el esfuerzo de ver nuestra parte, siempre, claro está, con la intención del aprendizaje de cara a un futuro. Sería perpetuar el error el entretenerse o anclarse en sentirse culpables por lo mal que lo hemos hecho en el pasado y dejar de hacer lo que tenemos que hacer en el presente y en el futuro.
Tenemos que intentar ver nuestra parte en todo lo que nos ocurra, aunque la participación mayor haya sido de otro.
Además de no ser habitual que sea casualidad la situación en la que nos encontramos, no sería sano que tendiésemos a considerarla así, una casualidad.
Muchas veces las circunstancias adversas no son más que avisos de que no lo estamos haciendo bien del todo. Si esa persona no atiende los avisos y no hace autocrítica, tenderá a continuar en la misma actitud y así, por ejemplo, ante una difícil situación económica y familiar se le podría ocurrir llevar a cabo acciones ilegales como solución de su situación, lo cual no haría sino continuar complicando la situación. La solución idónea será un cambio de actitud desde donde esté, por difícil que sea su situación. Y, por supuesto, no hay atajos, ya que otro tipo de soluciones no harían sino complicar el asunto. Por ejemplo si una persona de 40 años quiere ir a la Universidad y es analfabeta, tendremos que decirle que tiene que empezar por aprender a leer y a escribir y después vendrá todo lo demás. No puede escudarse en su edad o en cualquier otra circunstancia para decir que quiere entrar ya en la Universidad. Si hubiese perdido el tiempo antes, ahora tiene que recuperarlo pero con calma. No se pueden recuperar 20 años en un día. Lo mismo el señor de 40 ó 50 años que no ha querido hacer nada en su vida.
Si hemos recibido una agresión también será saludable que veamos si nuestra reacción fue la más adecuada. Generalmente, en una agresión participa el agresor y, generalmente, participa la víctima en alguna medida.
Por ejemplo: una persona se encuentra en una situación de abstinencia de droga o con gran deseo de ella, o bien alterada por su consumo, por su propia personalidad o por el padecimiento de una enfermedad mental. En este contexto, es posible que sea visto por muchos ciudadanos: siendo posible que un día, por ejemplo, el dueño del bar se limite a echarlo de su establecimiento por resultarle molesto, los ciudadanos que lo ven en una situación de necesidad se limiten a quitarse de en medio y así, hasta que comete el delito o agresión. La actuación o reacción de la víctima claro que en principio va a influir, al menos en la sociedad española en el momento actual.
El remedio consistiría en que cada uno mejorase su actitud de vida, abandonase la actitud egoísta, aunque ésta incluya a un número amplio de personas, y acogiese una actitud de encaminarse al bien común con lo que haga.

1. 12. SINCERIDAD CON LOS PROPIOS SENTIMIENTOS
Siempre es sano ser sinceros con nosotros mismos. Si tenemos sentimientos de hostilidad hacia alguien es bueno reconocerlos. No sería saludable reprimirlos sin más ya que a la fuerza nada funciona, sino que por la vía de comprender a la otra persona. A mí me sirve pensar que nadie actúa mal porque realmente quiere, sino más bien por falta de conocimientos o por enfermedad mental. La comprensión en ningún caso es una actuación pasiva, como muchos puedan pensar. No puede confundirse tampoco con indiferencia la cual no sería en absoluto saludable. Al hablar de indiferencia poco saludable me refiero al simple control de la conducta externa con una actitud crítica, juzgando al autor de la conducta equivocada y sin pretender hacer nada por él. La tranquilidad y la comprensión crean el clima necesario por si estuvieran indicadas posteriores actuaciones. En este contexto se podría pensar qué más podríamos hacer por esa persona, si es posible, lo cual no quiere decir hacer algo de forma inmediata y llamativa, sino siendo sensibles a lo que realmente necesita. Esta sensibilidad, a pesar de las diferencias individuales, se fomentará con la buena intención auténtica y la comprensión.
Partir de una actitud de reconocer nuestros valores y nuestras limitaciones sin intentar adornarlas, ya que ello nos limita más que nos facilita el crecimiento. Este reconocimiento nos da mucha libertad para actuar, y nos evita en gran medida la inhibición del tan frecuente miedo al fracaso. Reconocer nuestros sentimientos y no partir de un perfeccionismo superficial, de no querer admitir ningún sentimiento desfavorable. Es mejor reconocer los malos sentimientos, no para quedarse estancado en ellos, sino para resolverlos desde la raíz.
No es deseable partir de un perfeccionismo superficial, ya que esto impediría el reconocer determinados sentimientos que parecerían impropios de una persona perfecta. Creo que lo único que conduce a una mayor perfección real es la buena intención, y eso contrarrestaría o eliminaría finalmente todos los condicionantes mentales más egoístas. Esto facilitará el ser humilde y reconocer en su justa medida las propias capacidades y limitaciones, lo cual nos hará rendir más.
Si sentimos odio o aversión por una persona por ejemplo por algo que nos ha hecho, no podemos pensar que ese sentimiento es indigno de nosotros y decir de repente: "Ahora voy a sentir amor". Estaríamos ejerciendo una represión de un sentimiento que en algún momento nos saldría por algún lado, bien en forma de enfermedades psicosomáticas, falta de energía u otras consecuencias. Sin embargo, si reconocemos: "Siento odio por esa persona, pero el odio no es saludable, el mayor perjudicado soy yo mismo, que lo siento, ¿qué puedo hacer ya que a la fuerza nada funciona?" Creo que, en primer lugar, sabiendo efectivamente que los mayores perjudicados seremos nosotros. En segundo lugar, intentando comprender o saber que existen motivos para la conducta del otro. Esta comprensión de la persona tenderá a disolver ese sentimiento negativo. Además, el tener un objetivo bueno ante una persona que por ejemplo creemos que no se ha portado bien, en vez de encaminarnos a defendernos, ya facilitará ese sentimiento favorable. Puede ser útil pensar: "¿Qué puedo hacer por esa persona que actúa así de mal en ese aspecto?" Saber que nuestra comprensión ya le causa mucho beneficio. Luego, si pensamos cómo podríamos ayudarla se nos podría ocurrir alguna cosa más. Posteriormente, reconocer nuestra participación en el suceso, reconocer cómo podríamos haber actuado mejor, quizá no exponiéndonos a lo sucedido o reaccionando mejor.

1.13. DARNOS CUENTA DE QUE EL MAYOR BIEN Y EL MAYOR MAL NOS LO HACEMOS NOSOTROS MISMOS.
Si nos sentimos disgustados por un insulto, seguramente serán nuestra propia interpretación de los hechos y nuestros propios sentimientos los que nos hagan sufrir.
El ser conscientes de que el mayor bien o el mayor daño nos lo hacemos nosotros mismos evitará ver el entorno como amenazante y culpable de nuestros perjuicios. Evitará también la desconfianza del medio, ya que el posible enemigo no está fuera sino dentro de nosotros mismos. Nos dañan sobre todo las interpretaciones de los acontecimientos externos, pero no los acontecimientos en sí. Si nos sentimos disgustados por un insulto, seguramente lo que nos haga sufrir será nuestra propia interpretación de los hechos y nuestros propios sentimientos. Si una persona actúa dependiendo de las circunstancias externas, su estabilidad será muy precaria, puede aparentar tenerla mientras las circunstancias externas son del todo favorables pero se vería que no es así ante cualquier contrariedad.
Es muy empobrecedor poner nuestra confianza con respecto a nuestro bienestar en las circunstancias externas. No nos da tanta seguridad como si la ponemos en nuestro propio comportamiento correcto, contando con la eficacia del mismo. Por supuesto, no quiere esto decir que seamos insensibles, ya que podemos beneficiarnos o perjudicarnos con lo que nos hagan, pero no sería sano hacer depender nuestra estabilidad de una circunstancia externa a nosotros mismos.
Esta actitud no debe confundirse con indiferencia o egoísmo, cuando es todo lo contrario. El tomar conciencia de esto es fundamental, sabremos que lo ajeno a nosotros no nos va a dañar vitalmente, si nosotros no queremos, sino que, por el contrario, siempre puede ser una ocasión para nuestra mejora, si equiparamos el estar bien con ser auténticamente personas y afrontar de la mejor manera lo que nos suceda.

1. 14. HUIR DE SATISFACCIONES MEDIOCRES
Cuando oímos decir: "No, es que me quedé muy a gusto dándole, se lo tenía merecido" o "es que así me desahogo". Vemos que ese tipo de satisfacciones mediocres a la larga producen más insatisfacción que otra cosa, además de posibles consecuencias negativas de la agresión en sí como por ejemplo problemas legales o la pesadumbre de haber hecho daño al agredido o incluso repercusiones en la propia salud.
Es bueno guiarse por una eficacia y por satisfacciones a largo plazo y huir de satisfacciones mediocres del tipo: devolver la mala acción, críticas, las cuales perjudicarían nuestra salud a pesar de la posibilidad de un aparente beneficio o desahogo inmediato. En el caso concreto de las críticas seguro que, aunque la otra persona no se entere, sí nos enteramos nosotros y, sin duda, esto repercutirá en nuestra relación con ella.

1. 15. DARNOS CUENTA DE QUE LA PREOCUPACIÓN NO ES ALGO INOCUO
La preocupación no es algo inocuo, sino que tiene unos efectos negativos claros como, por ejemplo, una disminución de la energía. ¿Qué podemos hacer para evitarla? Se me ocurre que ocuparnos en el asunto. No pensar que no podemos hacer nada, ya que siempre hay algo que hacer.
Ser conscientes de que de la preocupación no va a beneficiarse nadie y una forma de evitarla no es a la fuerza, por supuesto, sino ocupándonos en ese asunto si eso es posible. Esto no tiene nada que ver con ser insensibles ni poco afectuosos, sino que, por el contrario, si se quiere de verdad a una persona se utilizará el raciocinio de cara a lograr una conducta más eficaz.
Cuanto tiempo perdemos sencillamente estando preocupados. A veces creemos que es obligatorio. Si no nos preocupamos parece que nos falta algo. Nos preocupamos por lo que ha de venir. En una ocasión oí o leí al escritor Pérez Reverte en una entrevista, algo así como que le daba tiempo a hacer muchas cosas, porque tenía la costumbre de no preocuparse antes de tiempo; seguía el lema de no empezar a bailar antes de que empiece la música. Realmente parece un ahorro de tiempo grande.
A veces si estamos preocupados, que no ocupados, la mente vaga sin llegar a ningún fin. Sencillamente estamos consumiendo nuestra energía y nuestras posibilidades. Por el contrario, cuando uno se ocupa de un asunto siempre surgen ideas. Me llama la atención, y creo que corresponde a la realidad, cuando, por ejemplo, en una película está el protagonista u otro ante un asunto que parece sin solución o que no sabe ni por dónde comenzar. Empieza a ocuparse activamente de lo que tiene como una fotos, por ejemplo, y esa ocupación siempre trae su fruto, siempre ve algo o le surge alguna idea. Durante esta ocupación activa la persona está en disposición física y mental de ocuparse, de llevar a cabo un trabajo. Podría estar, por ejemplo, sentada delante de un escritorio o algo parecido. La diferencia con el preocuparse sería que en este caso la persona no estaría en disposición de ocuparse sino que dejaría que los pensamientos vagasen y le abrumasen. Seguro que en este caso un guionista no lo sentaría en un escritorio, sino que más bien lo tumbaría con aspecto abatido en un sofá.
Algo que también podría evitar que nos preocupásemos sería al menos no permitir estar con un asunto las 24 horas, sino ponerle un horario, ya no para preocuparse, sino para ocuparse y pensar o hacer algo al respecto. En este horario ya podríamos incluso ponernos en posición física de ocuparnos activamente.
No adelantarnos a los acontecimientos. Relativizarlo todo, siempre bajo la amplia visión del bien real. ¿Sabemos acaso lo que es mejor en cada caso con respecto a lo concreto? Sabemos lo que es mejor en cuanto a actitud, pero en cuanto a lo concreto no lo sabemos. Lo que pasa es que a veces estamos muy contaminados con nuestro deseo de algo y podemos llegar a pensar que eso es lo mejor. ¿Podemos acaso decir que es mejor continuar en tal trabajo y no que nos despidan por ejemplo? No lo sabemos. Sabemos que tenemos que persistir en lo bueno, pase lo que pase, y nada más. ¿Sabemos acaso que es mejor que esa persona de la que es posible que nos sintamos enamorados nos corresponda?, no lo sabemos. Sólo podemos decir que nos apetecería que fuera así, no que sea necesariamente lo mejor. Para hablar de lo mejor sería necesaria una visión objetiva y muy amplia que en un momento de enamoramiento quizá tendríamos con más dificultad.

1. 16. LAS MAYORES LIMITACIONES PROCEDEN DE LA MENTE
Por muy difíciles que sean las circunstancias, las mayores limitaciones siempre proceden de la mente, de la interpretación de dichas circunstancias, de la falta de sinceridad personal, de la dificultad para reconocer las limitaciones y la responsabilidad personal o de evadirse de dicha responsabilidad señalando fallos ajenos o pretendiendo cambios estructurales. Nos cuesta desprendernos de muchos condicionantes mentales. Los buenos sentimientos pueden lograr que vayamos desprendiéndonos de todos los condicionantes, y el ser conscientes de que de ello saldremos nosotros y los demás más beneficiados, y será el mayor signo de amor.
Lo que tiene más capacidad para restar libertad a la persona es su propia mente y su propia actitud. Se puede tener libertad, entendida en su amplio sentido, en cualquier sitio, incluida la prisión. No son los barrotes físicos los que restan la verdadera libertad al ser humano. Siempre existen varias posibilidades de actuación y todo depende de la actitud de la persona.
Si nos empeñamos en que una situación tiene que ser diferente a como es, será ese empeño y no la situación en sí la que nos limite. Nada del exterior, por difícil que sea nos limita tanto como nosotros mismos.
A veces una persona se queja de lo limitado que ha estado y está por sus familiares, los cuales no le facilitan hacer nada. Esa persona puede pararse a reflexionar y pensar si ella se lo permite a sí misma. ¿Se lo permite a pesar de las dificultades? Sería doloroso decir que no y persistir en esa negativa. Uno siempre puede tratarse bien a sí mismo permitiéndose ser persona. La persona siempre tiene libertad de actuación con lo que tiene

1. 17. NO SE PUEDE DEMORAR NUESTRA BUENA ACTUACIÓN HASTA QUE NO ACTÚE ASÍ LA MAYORÍA O INTENTAR DISCULPARNOS DE NUESTRA MALA ACTUACIÓN PORQUE ASÍ ACTÚA LA MAYORÍA
Para mí la auténtica suerte, la auténtica lotería surge cuando uno tiene la posibilidad de replantearse su camino en la vida y elige lo bueno. Para mí no es una suerte que alguien se enriquezca robando, que alguien sea muy aplaudido al hacerlo mal o que alguien se libre de la cárcel a pesar de cometer un delito. Para mí, nada de esto último es una suerte sino una desgracia.
Es posible que ciertas ganancias particulares las obtenga con más facilidad los que creen en todo lo malo y no dudan en hacer lo que sea para obtener sus objetivos. Por eso precisamente se elige en muchas ocasiones lo malo, por la ganancia inmediata y particular. Sin embargo, no se gana realmente por esta vía.
Si alguien en este mundo con tantos intereses creados elige lo bueno ya sabe a qué se expone, junto con todas las ventajas, por supuesto. Se expone por lo menos a no ser entendido y seguramente, si sigue avanzando por ese camino, a algo más. Posiblemente, si su avance fuese muy grande, provocaría que las mismas autoridades tomasen medidas frente al que actúa de forma autónoma y libre y no se deja manipular por los demás. Lo verían, como ha sucedido en la historia, como un auténtico estorbo.
La decisión de la elección del camino en la vida es individual y no se puede supeditar a la decisión del otro. Si el otro sigue actuando como todo el mundo no tiene ninguna suerte sino una desgracia, la cual habrá que intentar curar.
Si una persona tiene la suerte en un momento determinado de ver lo que realmente vale la pena, yo le aconsejaría que no demorase su elección y que empiece por hacer su parte y no por exigir a los demás. Ya irá viendo la mejor forma, por supuesto, de transmitir esto que ha descubierto a los demás, pero, sin duda, lo fundamental es su ejemplo.

1.18. ATREVERSE A SER UNO MISMO
Ser uno mismo ya está facilitado por las actitudes anteriores, sin embargo he preferido especificarlo.
Cada persona es diferente y yo creo que la buena intención nos hace todavía más diferentes unos de otros. Por el contrario, el carecer de buena intención o el tener una intención interesada uniformiza y adocena.
La comunicación se favorece cuando las personas implicadas en la misma son más personas y cuando el grupo no les impone como condición implícita o explícita una determinada forma de ser o de comportarse.
La persona para comunicarse de forma óptima necesita libertad para mostrarse como es. De otra forma, la comunicación sería solo una fachada.
El mostrarse como uno es, sin duda diferente a los demás, incluso con sus defectos y manías, quizá es el mejor test para ver al otro. Sin duda, mucha gente no soporta la diferencia, no soporta que uno se salga del carril de lo establecido. Al no tener la aprobación del otro uno puede volver a su predeterminado carril, lo cual sería lo más fácil de inmediato pero más costoso a la larga, o bien sobreponerse a la posibilidad de no ser entendido y seguir por su propio camino.
Sin duda el ser uno mismo tiene todas las ventajas para uno mismo como para los que nos rodean. Siempre alguien podría decidirse a hacer lo mismo.
El mostrarse como uno es, incluso con sus limitaciones y manías, crea un clima de autenticidad que también facilita que el otro haga lo mismo.

1.19. TENGAMOS LA ACTITUD DE APRENDER CONTINUAMENTE
De lo que nos sucede, de lo que nos digan, de lo que leamos y oigamos siempre podemos aprender algo. Todo depende de nuestra actitud. Con una óptima actitud se aprovecha todo, incluso lo malo. Con respecto a lo que nos sucede siempre podemos preguntarnos por qué nos ha sucedido, si hemos colaborado nosotros y también nos sirve de experiencia y como aprendizaje de cara al futuro. Esa experiencia si la ponemos al servicio de los demás también podrá tener su utilidad. Con respecto a lo que nos dicen siempre podemos ver qué parte de verdad hay en ello y aprender. Si tenemos la suerte de contar con alguien que nos diga lo que piensa, eso es una bendición. Siempre podemos mejorar, así es que cuanto más aprendamos más nos acercaremos a estar de la mejor forma posible.

2. A TENER EN CUENTA
2.1. EL TRABAJO SIEMPRE DA SUS FRUTOS
El trabajo siempre tiene un efecto. Si una persona se pone a trabajar en un tema siempre obtiene frutos aunque tenga que romper todo lo que ha hecho ese día por considerarlo inválido. Aún en ese caso, el trabajo habrá servido para algo. Todo ese trabajo, aún en el caso de que no sirva de forma directa, habrá servido para el que haga los días siguientes. En este sentido, uno no puede esperar a sentirse especialmente inspirado o animado, aunque sí, por supuesto, después del oportuno descanso, para ponerse a trabajar, porque quizá el orden es inverso. Ya vendrán la inspiración y la animación con el trabajo. No deja de sorprenderme lo que la persona da de sí cuando trabaja o cuando se crean grupos de trabajo.

2.2. NO HAY NADA SIN TRABAJO PREVIO
Las cosas no surgen por casualidad. La inspiración surge cuando uno ha trabajado. Entonces puede surgir en cualquier momento, ya sea cuando uno se levanta o cuando pasea. Sin duda esa inspiración no hubiera surgido sin el trabajo previo.
Por eso es tan desaconsejable que las personas se mantengan inactivas. Y para mantenerse activas no es necesario estar contratadas, sino que uno ya tiene básicamente lo necesario: su mente y su cuerpo. Para ponerlos a trabajar sólo hace falta dirigirlos un poco y uno mismo puede ser su propio director.
Por supuesto que la mente necesita su descanso, tan necesario, pero si se la pone a trabajar hace falta ponerle una dirección a los pensamientos que en principio vagan de un lado a otro. Y por supuesto que esta última función también es necesaria para el descanso. Si se pone una dirección a lo que se piensa ya se está trabajando. Y luego ya se escribirá o grabará si se quiere recordar. Y si no tiene nada de esto a mano y como la memoria realmente no es muy fiable, existen sencillos ejercicios memorísticos en los que se crea una historia visual con una serie de objetos que previamente hemos asociado a sus respectivos números. Luego, sólo hay que recordar el objeto que le corresponde a cada número y surgirá la idea (Dale Carnegie).
2.3. TODA BUENA ACCIÓN POR PEQUEÑA QUE SEA DA SUS FRUTOS
De toda buena acción siempre se obtiene un efecto, aunque no sea el resultado que hubiésemos deseado. Todo sirve si lo que queremos es que mejoren las cosas. De cara a ese objetivo, toda pequeña acción, por pequeña que sea, sirve. Aunque no lo veamos siempre sale algo bueno de cualquier acción.
Lo que efectivamente no está asegurado es que surja un resultado concreto y que nos beneficie particularmente a nosotros. Esa actitud interesada es la que quizá retraiga a muchas personas de hacer lo que tienen que hacer y con ello se facilite que las cosas que estén mal se queden como estaban.
Los métodos idóneos de procurar un bien común son efectivamente incompatibles con los métodos encaminados a conseguir algo sea como sea. Así por ejemplo ante una situación laboral susceptible de mejora se podría ir por el camino de utilizar los recursos legales existentes, los cuales sin duda producirían una mejora, aunque sólo consistiese en principio en que unas cuantas personas pensasen sobre el asunto o bien en el hecho de sentar un precedente. Aunque sólo fuese eso ya sería haber hecho algo independientemente de lo que se pueda hacer posteriormente. ¿Qué pasa cuando un trabajador ve que las cosas están mal y las quiere resolver como sea en su propio beneficio? Seguramente tenderá a descartar el método idóneo de utilizar los recursos legales hasta donde le lleven y tenderá a preferir utilizar una vía corta de cara a obtener un resultado como sea. En este sentido, se podría llegar a recurrir a métodos que considero poco sanos como la coacción, presión y la amenaza. Sin duda, estos métodos son eficaces de cara a conseguir algo concreto, pero mirado el asunto de forma global seguro que se pierden cosas. Se pierde al menos en cuanto a desarrollo personal, además de las posibles consecuencias de la mala acción. Ya no digo nada de la huelga, que aunque me parece de este último estilo, al menos es legal y quizá podría tener su utilidad como manifestación y puesta en conocimiento de un problema. Si se utiliza como coacción o como obligar a alguien, yo particularmente no la veo saludable. Sin duda se consiguen por esta vía cosas, pero creo que se conseguirían muchas más en términos globales utilizando todos los recursos legales. Lo malo es cuando el trabajador no quiere que mejoren las cosas, sino que quiere que mejore su situación particular. No cabe duda que asustará menos a un gobernante inmovilista 1000 personas gritando que 1000 personas pensando.
Por eso uno no puede disculparse diciendo que no hace lo bueno porque no va a servir de nada. ¿A quién no le va a servir? Todo sirve, pero claro eso no garantiza ningún beneficio particular excepto, por supuesto, los beneficios de actuar como uno tiene que actuar que son muchísimos, una mejor salud entre otros.
Hay gente que dice, ¿para qué denunciar si no van a hacer nada? Si todos se retraen nunca mejorarán las cosas. Si las personas buscasen lo bueno en vez de su propio beneficio mejorarían algo más. ¿Para qué denunciar, por ejemplo, algo denunciable si quizá no obtenga el resultado esperado y me complique la vida?

2.4. ESTAR ESPERANDO QUE OTRO SE COMPROMETA PARA NOSOTROS NO COMPLICARNOS EN ABSOLUTO NO ES LO DESEABLE. CADA PERSONA TIENE SU RESPONSABILIDAD Y EL ACTUAR BIEN GENERA COMPLICACIONES PARA TODO EL MUNDO.
Muchas veces puede haber trabajadores que quieren conseguir ventajas pero sin exponerse ellos a nada. No quieren utilizar los recursos legales existentes porque eso podría suponerles complicarse la existencia. Sin embargo, a la hora de pedir a los demás parecen no darse cuenta de que si el otro accede a sus demandas tendría las mismas complicaciones que precisamente ellos quieren evitar. Quizá a la persona a la que uno de ellos dirija sus demandas, el hecho de acceder a sus peticiones podría suponerle directamente un despido. ¿Quién tiene más responsabilidad, el que hace una cosa que está mal o el que la consiente y no hace su parte para ponerle remedio? Sin duda, cada uno tiene la suya. Cada uno, por supuesto en lo suyo, en su parcela, tiene una gran responsabilidad. Lo malo no se mantendría si una gran mayoría no lo mantuviese. Y se mantiene desde diversas escalas sociales, porque precisamente la actitud que predomina es que cada uno busca beneficiarse a sí mismo.
Cuando se pone la seguridad en lo material es igual de poco sano que la pongas en un plato de lentejas o en tener un yate. No valen disculpas de que se necesita para comer. Poner la seguridad en lo material es una actitud poco saludable, independientemente de que las necesidades materiales sean pocas o muchas. Si una persona está esclavizada por ese poco que cree necesitar, sin duda ese poco la tendrá condicionada. Por supuesto que al que tiene poco puede serle algo más fácil el cambio pero sin duda necesita un cambio que le será costoso. Para el que tiene mucho, sin duda, la complicación y atadura es todavía mucho mayor.
No es real que en una empresa o sociedad sólo los dirigentes tengan responsabilidad. Cada uno tiene la suya personal e ineludible.
Nadie puede decir que se suma a ese trabajo que genera un mal porque es la única vía de subsistencia que tiene. Si cree en lo bueno y descarta lo ilegal, seguro que le surgen ideas y posibilidades. La naturaleza responde a los que creen en ella.
Y ya no es sólo que el empleado se sienta poco responsable, sino que muchas veces al dirigente le interesará que se sienta así, para que acceda a lo que él dice, sea legal o raye en la ilegalidad. No es cierto que los que organizan tengan toda la responsabilidad. Tendrán la responsabilidad de organizar y, por supuesto, ver lo que hace cada uno, pero la responsabilidad de cada uno no es transferible. No se puede confundir el organizar con meterse en el terreno profesional de cada uno. Si una persona permite la intromisión en su terreno estará seguramente respondiendo a intereses particulares y no a los de hacer bien el servicio que le corresponda, ya sea por ejemplo en el ejercicio de la medicina u otros. Como luego nadie pide responsabilidades ni denuncia nada pues se cierra el círculo, sufriendo las consecuencias seguramente aquellos con menos recursos. Está claro que hay una colaboración con lo malo. Por ejemplo, con respecto al cierre de unidades psiquiátricas de larga estancia y a que estén muchos enfermos mentales en la calle, no es cierto que sólo la administración como ente abstracto tenga la responsabilidad. Ellos tienen una, no cabe duda, pero cuando un psiquiatra da el alta a un paciente aunque el paciente no esté en condiciones de vivir en su domicilio, la responsabilidad es suya. ¿Qué pasaría en ciertos centros si un psiquiatra hace lo que cree y no da el alta a un paciente que no está en condiciones de hacer vida en su domicilio? Sin duda se montaría la de san Quintín: presiones por todos los sitios y si está contratado podría irse a la calle por falta de "operatividad" o de resolver la papeleta de la forma más económica o de acuerdo con la organización política. En ningún caso esa organización tendría que entrar en la decisión de un profesional, y ese profesional si permite una intromisión de ese tipo, es responsable de ello. Un médico tampoco debería permitir que alguien le dijese en cuanto tiempo tiene que ver a sus pacientes. Si hay lista de espera no se va a solucionar viendo a los pacientes de prisa y corriendo. Por el contrario, eso generaría que se pudiese pasar por alto una patología grave, se podría causar yatrogenia con esa visita médica, y al día siguiente ese paciente podría estar en la lista de espera de otro médico. Creo que si hay mucha demanda, la solución sería, por el contrario, ver bien a los pacientes. Además de esta forma evitaremos patología futura. Si un médico hace lo que cree que tiene que hacer, creo que en un sentido ya es fuente de salud para sus pacientes. Pero, sin duda, actuar bien en cualquier labor, y no atender las demandas indebidas de los demás, es difícil. La decisión es de cada uno.

2.5. EL SENTIDO DE LA VIDA DE FORMA DESEABLE NO ES NADA CONCRETO, ES UNA ACTITUD.
El sentido de la vida es una actitud y, aunque esa actitud pueda manifestarse en algo concreto en un momento determinado, no es bueno confundir el sentido de una vida con ese algo concreto mismo, aunque eso sea, por ejemplo, el cuidado de un marido o mujer e hijos. El sentido de la vida al ser una actitud no se puede equiparar con algo concreto. El sentido de la vida es algo que nos tiene que acompañar hasta que nos muramos permitiéndonos adaptarnos a todas las situaciones que pudieran surgirnos, por ello no puede ser algo concreto referido a un momento determinado.
Para mí, el óptimo sentido de la vida se corresponde con la actitud vital. El óptimo sentido de la vida sería hacer lo máximo que cada uno puede hacer por el bien común con lo que tiene. Por supuesto, ese hacer puede ser en un momento determinado el criar a unos hijos o bien realizar un determinado trabajo. Pero, aunque nos estemos dedicando a algo concreto, no será bueno perder de vista la visión global de lo que podemos hacer. Así, por ejemplo, si unos padres están criando unos hijos, lo cual, por supuesto, es un bien social, no sería lo más sano que perdiesen la visión global que englobe a lo anterior, porque quizá además de criar a sus hijos tengan que hacer otras labores. Con una visión global hacia la sociedad, curiosamente se educa mejor a los hijos que si el único objetivo y las únicas miras son los propios hijos. Se correría el riesgo en este último caso de maleducar a esos hijos y transmitirles una actitud egoísta que en absoluto sería beneficiosa. Si el objetivo de la vida son los hijos y nada más, se les hace daño. Muchos padres podrían pensar que no pueden perder un segundo en cualquier otro asunto que no sea su hijo. Curiosamente al hijo se le va a educar fundamentalmente con el ejemplo y el ejemplo es la vida de los padres. La educación de los hijos será mejor cuanto más plena, esto es, llena de sentido, sea la vida de los padres.
El sentido de la vida no es ni la familia, ni el trabajo ni los hijos. Eso es totalmente erróneo. Creo que el sentido de la vida es una actitud que puede en un momento determinado concretarse en todo eso, pero no es eso. El tener un sentido de la vida permite una óptima adaptación ante los cambios que trae la vida como podría ser la emancipación de los hijos o la enfermedad, además de que permite el entender la vida o la labor social como algo un poco más dinámico que ponerse a hacer una labor sin más replanteamientos en toda la vida. Puede ser que lo que sirva en una etapa, no sea lo más conveniente en otra. Creo que la dirección de hacer lo más posible nos guiará de la mejor manera. Algunas personas pueden pensar que se han quedado sus vidas sin un sentido por ejemplo al emanciparse los hijos,. La vida siempre tiene un sentido. Lo mejor en términos operativos será equipararlo a una actitud, una dirección. Qué hacer en un momento concreto variará dependiendo de las circunstancias. Lo ideal es una actitud dirigida al bien común y ya verá cada uno lo que tiene que hacer en cada momento determinado. Por supuesto, el traer hijos al mundo y educarlos es algo muy bueno. El que esté incluido en las cosas que se pueden hacer en un momento determinado por el bien común, no debe confundirse con aquello que da sentido a la vida. Por supuesto que los hijos alegran, dan muchas alegrías, mil cosas, pero creo que no debe confundirse, al menos operativamente para entendernos, con la globalidad del sentido de una vida que de forma deseable incluye una visión amplia y no limitada.



2.6. EL CRITERIO AJENO NO ES EL QUE MARCA LA EFICACIA DE UNA ACCIÓN SINO QUE ES SU INTENCIÓN
Las cosas no están bien o mal dependiendo de su apariencia o dependiendo de lo que los demás opinen de ellas. La calidad de las cosas depende de la intención con la que se hayan hecho.
El criterio ajeno puede ser un elemento más de presión sobre nuestra conducta. En el fondo nos agrada que los demás se queden contentos con nosotros, complacerles. Tenemos que hacer un esfuerzo para sobreponernos y hacer lo que creemos que tengamos que hacer. El esfuerzo que uno tenga que hacer será cada día menor.

2.7. LO QUE IMPORTA ES LO QUE SEA, NO LO QUE PAREZCA
Lo que es real, con una buena intención de verdad, es lo único eficaz. Por el contrario, lo realizado con la intención de la mera apariencia o con una intención superficial, no tiene eficacia alguna. Esto último sólo serviría inútilmente para quedar como muy normal y adaptado. Muchas veces lo interesado o aparente choca con lo más desinteresado porque esto último es en algún sentido más sencillo aunque no más simple ni menos pensado.
Con lo aparente no se obtienen beneficios reales. Por esta vía el día menos pensado todo el castillo en el aire se derrumba. Porqué es un enfoque tan extendido el elegir lo aparente para mí es un misterio. En cambio por la vía de hacer algo real se va construyendo sobre sólido. Eso no se lo lleva ninguna riada.
Con lo aparente se podrá engañar a mucha gente pero no a la naturaleza. Un ejemplo familiar sería el de la madre que vive atada a su papel de madraza. Si sus hijos la adoran le costará cambiar, por ejemplo, porque el coste será entre otras cosas que sus hijos la dejen de adorar y que incluso, como es lo normal, le vean sus defectos. Sin duda, la madre que actúa bien lo notará en los resultados y la que elige el camino aparente sufrirá con creces las consecuencias de esta elección.

2.8. NO ES POSIBLE SER PERFECTO SI UNO ES EGOÍSTA
Es incompatible ser egoísta con ser perfecto. Me imagino que los comienzos de la perfección auténtica pueden ser variados: puede uno buscar el bien común y que eso le vaya llevando a deshacerse de todas sus ataduras egoístas, o bien puede uno deshacerse de todo aquello que suponga pensar sólo en sí mismo, y que por este camino llegue a hacer algo por los demás.
Es incompatible, entre otras cosas, porque los asuntos se ven de forma diferente cuando uno piensa en los demás. Así que, ¿cuál será el modelo de perfección de una persona que no tiene esta motivación del bien común? La perfección no es algo concreto, ni algo estático. Es, por el contrario, dinámico necesariamente y se concretará, de una forma u otra, dependiendo de nuestras características. Lo importante es tener buena intención, y ya se irá descubriendo todos los aspectos que entorpecen ese camino, o bien todo lo que sirve de ayuda. Deshacerse de la vanidad, de la soberbia, del deseo de tener cosas, de tener poder me imagino que está muy bien siempre que lo englobemos dentro de una buena dirección de vida. En otro caso, sin duda se verá diferente y puede que en algún aspecto clave una persona diga, ¿qué mal hago yo con esto?
Nadie hace nada por los demás si le puede su vanidad, su soberbia, su propio egoísmo y, por otro lado, no es posible deshacerse totalmente de lo anterior si el motivo para ello no es la búsqueda del bien común, aunque sí podría, por ejemplo, comenzar por ahí y que eso se lo facilitase.
Los comienzos pueden ser muy variados, pero, al final, es incompatible ser egoísta y perfecto. El que quiera ser perfecto tendrá que dejar de ser egoísta, pero de verdad, porque si no, no funciona. Si lo logra por supuesto que se beneficiará mucho, se cuidará de la mejor forma, pero precisamente porque piensa en los demás, no porque sólo piensa en sí mismo. Si sólo piensa en sí mismo, no ha logrado la perfección, algo le ha fallado, curiosamente se habrá privado de los infinitos beneficios de su vida bien encaminada.
El que piensa en los demás de verdad se beneficia y no hay nada de malo en ello. El que sólo piensa en sí mismo se perjudica muchísimo, no sabe el daño que se hace. Uno se cuida de la mejor forma al pensar en el bien común y otro de la peor forma, al pensar sólo en sí mismo.

2.9. LA VERDADERA FORTALEZA ES INTERIOR
No es posible ser fuerte sólo por fuera. Ese tipo de fortaleza exterior podría deshacerse en un momento, además de que no es eficaz mientras se mantiene. La auténtica fortaleza es interior, tener buena intención independientemente de las circunstancias externas.
2.10. NO SÓLO LOS GOBERNANTES O LA ADMINISTRACION TIENEN RESPONSABILIDAD.
Cada persona tiene su responsabilidad particular. Sea más o sea menos, siempre es proporcionalmente la misma de acuerdo a sus posibilidades. A veces, es fácil ver cómo podían haber actuado los gobernantes. Un día oí en la radio decir que estos no eran ningunos angelitos y no se les podía pedir que lo fueran si el resto de la población no lo era. Por supuesto que lo ideal, lo más deseable es que cada uno busque el bien común. Sin embargo, hoy en día actuar bien lleva consigo por lo general poner en peligro la seguridad de tu puesto o de tu empleo, ya sea uno un empleado o un empresario o gobernante. Por supuesto, el que pone su confianza en hacer el bien no se sentirá defraudado. No sirve de nada exigir a alguien que haga lo que uno mismo no hace. Entre otras cosas, porque el que no lo vive lo exigirá a la fuerza, piensa que el comportamiento bueno puede llevarse a cabo a la fuerza. El que lo vive sabe que no es posible a la fuerza. Sin duda recurrirá a otros métodos para intentar mejorar al otro y hará él lo que tenga que hacer con lo que ve.

2.11. EL TENER BUENA INTENCIÓN PROTEGE
Pocas cosas protegen tanto como tener buena intención. Eso junto con tener una buena formación y un adecuado desarrollo, creo que es lo que más protege.
La desconfianza no protege sino que, por el contrario, puede acrecentar la agresividad, dado que en ciertos momentos desconfiar puede suponer una agresión. La desconfianza tampoco habla de poner la confianza en la propia actuación.
Yo creo que es bueno tener prudencia, pero una prudencia normal, ni mucha, lo cual haría retraernos de muchas situaciones, ni poca, lo cual sería temerario al no saber cómo pueden estar ciertas personas en la sociedad.
El tener buena intención por un lado hará que se vean mejor las cosas. Dado que uno se encamina a mejorarlas, se verán quizá en su justa medida. Si surgen imprevistos siempre se reaccionará mejor. Y por último, el que tiene buena intención no contará con la enorme desventaja, a la hora de la protección, de querer algo concreto del otro o de la situación. Si una persona quiere algo para sí misma, y lo quiere como sea, está mucho más desprotegida. Sin duda será un blanco fácil para que alguien estudie como engañarla. Y ese algo que quiere puede incluir cosas intangibles como halago, vanidad y, por supuesto, puede incluir cosas tangibles como ganancias materiales, conquistas amorosas. Por muy desconfiada o muy perspicaz que sea una persona con respecto a las intenciones del otro, el carecer de buena intención hará que vea mal, que se le escapen muchas cosas dado que su visión está sesgada por sus intereses y ha perdido la objetividad.
Hay gente que dice que la han engañado, por ejemplo en una relación de pareja u otras, refiriéndose a que ha obtenido menos de lo que cree haber dado. Lo que se hace desinteresadamente ya no da lugar a ningún arrepentimiento posterior, le haya valido al otro o no y nos responda a nosotros de una u otra forma. Si el otro no responde o no lo vemos bien tenderemos a persistir en tener buena intención, si la hubiésemos tenido antes, y entonces veremos si podemos seguir haciendo algo en vez de sentirnos dolidos. Uno tiene que ver cuando todavía él puede hacer algo más o ya se trata de la decisión del otro. La buena intención creo que acercará a saberlo de la mejor forma.
No es posible que alguien con buena intención cambie ante una determinada conducta del otro. La buena intención o se tiene, o no se tiene, pero si se tiene, ésta no tiene un tope. Si existe un tope, eso quiere decir más bien que la supuesta buena intención hasta ese momento no era tal sino que estaba bastante condicionada. No se podría pues decir que se hizo lo máximo que se pudo hasta ese momento. El fallo en los resultados podría deberse a que lo que se había hecho no había sido del todo bueno.

2.12. NO ES COMPATIBLE INTENTAR HACERLO UNO LO MEJOR POSIBLE Y PRETENDER UNO TENER APLAUSO SOCIAL, O NI TAN SIQUIERA SER ENTENDIDO POR TODOS.
Tenemos que reconocer que el aplauso social nos tira. Nos atrae el ser entendidos y quedar bien. Sin embargo, si hemos elegido el camino de hacer las cosas lo mejor posible de cara al bien común no podemos pretender eso aunque sintamos por el momento atracción por ese tipo de vanidades.
Al hablar de aplauso social no me refiero sólo a los reconocimientos públicos sino también a aquellos aplausos en recintos pequeños, pongo por ejemplo la familia, el barrio, el centro de trabajo o cualquier institución de cualquier tipo. El aplauso social efectivamente nos puede atraer, pero está claro que no nos guía bien. Mientras nos atraiga en gran medida, tenderemos a sentir envidia de quien sí lo recibe, quizá por sus cualidades o talentos o quizá por haberse adaptado a las reglas del juego mundanas, haciendo que hacía. Por tener cualidades se pueden recibir reconocimientos. El hacer lo máximo por el bien común con las cualidades de cada uno, sean estas los que sean, no acerca precisamente a recibir reconocimientos sino todo lo contrario, acercaría a recibir críticas y a ser poco entendido.

2.13. EL ÓPTIMO DESARROLLO DE LA CREATIVIDAD SE LOGRARÁ CON UN ÓPTIMO ENFOQUE VITAL
Lo que creo que mejor conduce a una individualidad marcada, a una óptima expresión de la propia personalidad, es una actitud bienintencionada y desinteresada. La actitud interesada, por el contrario, adocena y uniformiza, pone en el camino de equivocarse y causar daño. Con el mejor objetivo ya uno no pretende como imprescindible lo que no tiene, sino utilizar lo que tiene. Con una buena actitud, de aportar lo máximo posible hacia el bien común con la propia actuación, se desarrollan óptimamente las propias cualidades, sean éstas las que sean.
Se trata de llegar a ser el mejor profesional que cada uno pueda llegar a ser. ¿Qué es por ejemplo ser el mejor escritor? Sin duda, la buena intención ayuda a desarrollar las capacidades innatas de cada uno. Lo que mata la auténtica creatividad es un objetivo interesado.
Por mi trabajo también sé que es fundamental no perder de vista nunca el objetivo principal. Y este objetivo lejos de interferir con una actuación concreta, la mejora.
En definitiva, para mí lo que más ejercita la imaginación es tener buena intención, actuar al margen de intereses particulares en todo en la vida, no sólo a la hora de ponerse a escribir o a realizar cualquier tarea. Esta actuación desinteresada consistiría en un enfoque laboral de aportar lo máximo que uno pueda, no el enfoque habitual de ganar un sueldo, tener un prestigio; y luego extendiendo esta actitud desinteresada a la familia, amigos y a cualquier situación que pueda presentarse, viéndole un sentido a cualquier adversidad al ponerla al servicio de los demás.

2.14. UNA DE LAS COSAS QUE PRODUCE LIBERTAD Y TRANQUILIDAD ES RECONOCER LAS PROPIAS LIMITACIONES, LOS PROPIOS FALLOS.
No sé por qué razón siempre tratamos de ocultar nuestros fallos, así como de exagerar nuestras cualidades. Creo que podemos aprender de una vez por todas que eso nos limita y nos intranquiliza e impide que nos mostremos como somos, pidamos ayuda si la necesitamos, y nos acerquemos a recibir de los demás aquello que nos sienta bien.
Por supuesto, esto no quiere decir estar atormentando al de al lado con nuestros fallos, sino sencillamente tener la actitud de reconocerlos cuando venga al caso. No vale tampoco irse al otro extremo y ya reconocer sólo defectos en nosotros mismos. Esto además de poco sincero, en muchas ocasiones podría ser incluso más cómodo que reconocerlos en su justa medida. Uno se puede esconder en la exageración también para no mostrarse como es.

2.15. TODO LO QUE UNO HAGA EN SU VIDA PRIVADA REPERCUTE EN LA SOCIEDAD
Nada de lo que hagamos en nuestra vida privada deja de repercutir en la sociedad. En primer lugar, influye porque influye en nuestro propio desarrollo y, con ello, cambia nuestra forma de ver las cosas.
Muchas veces se ha dicho de un personaje con un puesto de relevancia política puede hacer lo que quiera con su vida privada. Podrá, pero lo que no se podrá decir es que la vida privada no influya. La actuación en una dimensión más social repercute sin duda en la vida privada y al contrario.
Con respecto a esto, tendré que decir que creo que se entienden mejor las cosas en un sentido positivo. A veces no se entienden bien las cosas como privación de algo. Hay ciertas formas de vida que conducen a una mayor libertad personal y, sin duda, eso repercute más positivamente que el estar atado a alguna apetencia por particular que ésta sea. Las ataduras, el dejarse llevar por lo que a uno le apetezca, sin duda, ata más que guiarse por lo que uno considere mejor y, por supuesto esto es muy amplio.
Por ejemplo en el caso de una persona que se guíe al salir un sábado por la noche por el hecho de tener relaciones sexuales con una persona. Sin duda, este objetivo no podrá decir que todas las repercusiones de este acto supuestamente privado permanecen en este contexto, sino que por el contrario salen de él. En primer lugar, su objetivo va a influir en todas las relaciones que establezca. No cabe duda que su comportamiento sería muy diferente que si realmente pensase en hacer algo por alguien, con lo cual se relacionaría con una persona en su totalidad y no sólo con su físico. Y por supuesto sin hablar de posibles consecuencias posteriores como infecciones o bien embarazos con una persona a la que todavía no se le ha dicho el sí a la pregunta de compartir la vida con él o ella.

2.16. LO QUE CADA UNO PUEDE HACER ES MUCHO
Nadie que tenga una buena actitud puede menospreciar el efecto de su labor. No, por supuesto, para vanagloriarse inútilmente sino que si tiene buena actitud será consciente del efecto de hacer su parte, lo cual sin duda es mucho. Evitará de la mejor manera sentirse impotente, frustrado, descontento. Evitará de la mejor manera sentirse impotente ya que sin duda sabrá que si hace su parte, puede mucho; no pretenderá por otra parte poderlo todo ya que eso no le corresponde, no está en su mano. Su buena actitud evitará sentirse frustrado ya que sabrá y verá que su intento nunca es vano. Evitará sentirse descontento porque no pierde el tiempo en eso y además confía en haber hecho su parte y en la respuesta de la naturaleza. Utiliza las energías para pensar lo que está en su mano, no en disgustarle por lo mal que lo hace el otro.

3. IMPLICACIÓN DE ESTAS ACTITUDES EN SITUACIONES CONCRETAS
3. 1. ANTE UNA POSIBLE AGRESIÓN
Habría fundamentalmente tres formas de actuar ante una agresión, siendo sólo una de ellas saludable. La primera forma poco saludable sería responder con la misma moneda o conducta manifiestamente agresiva. Las consecuencias pueden ser muy perjudiciales como nos podemos imaginar, se puede obtener con ello hacer o recibir un daño físico y mental y consecuencias legales entre otras.
La segunda forma poco saludable sería actuar con una conducta externamente controlada, es decir sin agresividad manifiesta pero abrigando sentimientos negativos en el interior, ya sean de indiferencia, mala intención o malos deseos hacia la otra persona. Esta forma limita al igual que la forma anterior el desarrollo de la persona. Los sentimientos de hostilidad se han relacionado con todo tipo de enfermedades psicosomáticas como uno de los factores que influyen e incluso en algunos estudios de criminología se ha visto que muchas víctimas terminan siendo agresores. Desde luego el control externo de la conducta y no una solución real o interna facilita el descontrol en un momento determinado por acumulo de una tensión que podría llegar a ser insoportable, además porque todo va creciendo y la conciencia se puede ir deformando y lo que comienza con un sentimiento negativo puede ir empeorando si no se trata.
La única respuesta eficaz es la actitud fundamentalmente interior de buena intención. Se trataría de la única respuesta auténticamente pacífica, no pudiéndose calificar así a la respuesta de indiferencia. No se trata pues de adoptar una determinada conducta externa, sino de adoptar una buena actitud interior. Para ello nos servirá el tener en cuenta lo siguiente ante una agresión externa: en primer lugar, el mayor bien o el mayor daño sólo se lo puede hacer una persona adulta a sí misma, nadie del exterior tiene esa capacidad, ya que la mayor desgracia o el mayor mal es la degradación moral de la persona; en segundo lugar, el intentar comprender los motivos de la otra persona. En este marco de buena intención y comprensión se podría pensar en qué se puede hacer por la persona que agrede. Por supuesto, esto no es incompatible con utilizar una medida de contención si fuera necesaria, siempre que lo que guíe la conducta sea el tratamiento y mejora de esa persona. Esta tercera respuesta es curiosamente la que servirá de mejor protección para la persona que recibe la agresión, y yo diría que, sin duda, es lo que más la protege. Por supuesto, volvemos a aclarar que la buena intención no es hacer el tonto. La buena intención permite ver mejor el estado del otro y la ayuda que necesita. La buena intención no tiene que manifestarse exteriormente de forma marcada, basta con que uno la tenga de verdad, generalmente por aprendizaje, elección y hábito, y teniendo como respaldo una buena actitud de vida.
Si alguien me preguntase cómo vivir todo esto ante una agresión externa, le diría que el tener un buen objetivo y guiarse por beneficiar a esa persona sería la actitud más eficaz y, sin duda, la que más le protegería. El no juzgar a la persona, comprender que puede existir una motivación para su conducta, ya sea una elección equivocada o la existencia de una enfermedad aunque la desconozcamos, y el descartar ejercer cualquier tipo de conducta agresiva por ineficaz y potenciadora de la agresividad sería el marco idóneo para pensar en la mejor solución, ya que los buenos sentimientos tranquilizan y en ese estado la mente funciona mejor, es más creativa. Por supuesto, el descartar medidas agresivas no sería incompatible con observar la necesidad de medidas de contención o facilitar que uno mismo u otras personas se resguarden para evitar conductas de riesgo, tanto para el agresor mismo, como para los demás, ya que también beneficiaremos a la persona de esta forma, evitando que cometa conductas que no le benefician. Es decir, la actitud pacífica no es pasiva sino que es activa (aunque no necesariamente muy movida) pero en el sentido más eficaz e idóneo.
Para tratar cualquier tipo de agresión organizada es imprescindible tener una visión amplia del asunto, no se trata de resolver un asunto a costa de generar otro tipo de agresividad por otro lado.
No se trata de optar por el bien de los agresores o de las víctimas, como si ambos bienes fueran incompatibles, sino que para una respuesta o solución auténticamente válida es imprescindible incluir a ambos. Porque estamos hablando de soluciones auténticas, no de complacencias superficiales. De un buen enfoque se benefician unos y otros. A las víctimas o a los familiares de las víctimas les resultará saludable el tener la actitud de considerar que, independientemente del daño que hayan sufrido, en sus manos está el multiplicarlo o el salir fortalecidos de este episodio, siendo conscientes de que el mayor daño así como el mayor bien sólo se lo puede hacer uno a sí mismo y pudiendo comprender que existe una motivación para la conducta de los agresores, así como deseando su recuperación. Ambos me parecen susceptibles de tratamiento, siempre incidiendo en la libertad de la persona ya que si no, no serviría, ya que lo único que da estabilidad a la conducta es la convicción. Por supuesto, no digo en ningún momento que todo esto sea fácil, sólo puedo decir que es lo más saludable y beneficioso.
Cuando se han descartado agresiones de cualquier tipo, la mente, la cual tiene mucha capacidad, seguro que encuentra soluciones más eficaces.

3. 2. AFRONTAMIENTO DEL ESTRÉS
El estrés figura como un factor que puede actuar como predisponente o precipitante, así como influir en la evolución de cualquier trastorno mental, incluso de aquellos con más influencia biológica.
En la actualidad se mide más bien el estrés por una serie de acontecimientos que requieren una adaptación de la persona, si bien se cree que la forma de afrontar los mismos es un factor clave, incluyendo el significado que le atribuye cada uno a los mismos.
No cabe duda de que si una persona piensa que ese acontecimiento supone el fin de su vida, es definitivo en su vida y no es consciente de la importancia de su respuesta, tenderá a adaptarse peor que otra persona que sí recalca la importancia de su respuesta.
Además de la influencia en el estrés de todas las actitudes referidas, lo que siempre conduce al estrés es actuar guiándose por unos resultados concretos que dependen de otra persona y que creemos imprescindibles. Es mejor elegir una actitud correcta. También conduce a mucho estrés, guiarse por un objetivo que no es el mejor, sino que es el más aparente en un momento determinado. Si uno se guía por una imagen, por la apariencia de haberlo hecho bien, por unos resultados concretos muy aparentes pero que interfieren con la consecución de unos mejores a largo plazo, puede tener tales contradicciones mentales que eligiendo esto es imposible evitar el estrés. Además, eligiendo esto se perjudica toda la familia, ya que una persona cuanto más se desarrolla, lo cual sólo se logra encaminándose al bien, su amor y sus cuidados en todos los ámbitos serán de mejor calidad. Así, por ejemplo, todo el mundo puede decir que quiere a sus hijos, pero la calidad del amor es distinta, y también el saber qué puede ser mejor para los hijos.

3.3. ACTITUDES QUE PODRÍAN FAVORECER UNA DEPRESIÓN Y ACTITUDES QUE PODRÍAN PREVENIRLA
La causa exacta de los trastornos del estado de ánimo es desconocida, estando implicados en algunos de ellos, de forma muy clara e importante, la existencia de factores biológicos y genéticos.
Entre los factores psicológicos que se han descrito como potencialmente implicados en una depresión tendríamos los siguientes: el mantenimiento de relaciones hostiles (Leff y Vaughn 1980), el sentirse desesperanzado frente a los acontecimientos de la vida y el sentirse inválido (Seligman 1975), y la sensación de desamparo ( Watts 1983).
Vemos que podrían estar en todo esto implicadas algunas actitudes potencialmente mejorables. Con respecto a la sensación de desamparo y la sensación de sentirse inválido, me parecería importante poner la confianza donde verdaderamente está, no en lo que nos ocurra, sino en lo que uno puede hacer con ello por difícil que sea la situación en la que nos encontremos, siendo la dirección constructiva la que más ayuda a ver esto. Con respecto a la sensación de desvalimiento, podría estar implicado el querer controlar lo que no depende de nosotros, y no conformarse o no creer en la influencia de lo que cada uno puede hacer.
Con respecto al mantenimiento de relaciones hostiles, independientemente de los factores implicados, serían de utilidad algunas de las actitudes que hemos visto, sobre todo: el tener buena actitud e intención hacia el otro, en la situación en la que se encuentre. Intentando fijarse en la parte propia y en lo que uno puede hacer sin caer en demandas inútiles, sino que intentando mejorar y comprender al otro, intentando descubrir cual puede ser la razón de su hostilidad, por ejemplo hacia nosotros, de cara a su tratamiento. En cualquier caso, el tener el objetivo en mente de beneficiar al otro, no cambiándolo en ningún momento por el de defenderse uno mismo o por el de intentar devolverle la mala acción al otro. Siendo además conscientes de la responsabilidad de nuestros sentimientos y nuestra reacción ante quizá una agresión muy sutil del otro. Es posible que tengamos que aprender algo de todo aquello que nos siente mal. Si vamos caminando por el camino de actuar de la forma más constructiva posible y olvidándonos para ello de nuestro propio egoísmo personal, aprenderemos y avanzaremos de la mejor forma, además de ser más eficaces. Las agresiones, por ejemplo, en el medio familiar pueden ser múltiples e ir encaminadas precisamente a nuestro punto flaco. Si tenemos buena intención hacia el otro y nos responsabilizamos de nuestras reacciones seguro que aprendemos algo de esto. Si no nos responsabilizamos de nuestra reacción y le echamos toda la culpa al otro, así como si nos dejamos llevar por la hostilidad al otro, al que echamos la culpa del malestar que tenemos, no aprenderemos nada. Si nos sienta mal que otro nos minusvalore tanto física como mentalmente, seguramente es que nos queda todavía mucho que aprender. Que nos valoren o no, no marca la eficacia de lo que hacemos, y además no se trata de tener muchas cualidades, sino de hacer lo máximo con lo que tenemos, no para quedar lucidos sino para ser útiles.
Por supuesto que hay agresiones muy sutiles en las que una persona que las sufre se encuentra con dificultades siquiera de aclarar la situación. ¿Qué he dicho?, puede decir el agresor. "Si te ha parecido mal es cosa tuya..." Si lo manifestamos queda más al descubierto que aquello nos ha sentado mal. A veces uno si reacciona bien ante una agresión franca queda como hábil y bueno, con lo cual obtiene gratificaciones que no tiene cuando la agresión ha sido sutil, porque en teoría no ha habido agresión alguna, sino que la agresión supuestamente nos la hemos inventado o está en nuestra cabeza. El que la ejerce tampoco está muy dispuesto a reconocer su hostilidad, o sea que seguir por la vía de comentarlo me parece casi imposible. Lo más aconsejable sería seguramente: sobreponerse, tener buena intención hacia el otro, intentar comprender, sentirse responsable de nuestra reacción e intentar aprender del efecto de la acción del otro en nosotros. Por ejemplo: ¿por qué me sienta mal que me minusvaloren?, ¿por el otro o por mí mismo? Tenemos casi que agradecerle al otro que nos permita comprobar cómo vamos por ese difícil camino de olvidarnos de figurar nosotros mismos. ¿Nos queda todavía mucho que avanzar?

3. 4., INCORPORARSE A UNA ONG:
Al pensar en incorporarse a una ONG o a cualquier institución de tipo humanitario o religioso, tampoco puede uno olvidarse de que será difícil que la estructura de la misma no esté contaminada de la misma estructura interesada y materialista que impera en la sociedad. El interés puede venir revestido de lo bueno. Puedes en una ONG, por ejemplo, sentirte presionado para atender a unos y no a otros dado que las ayudas y subvenciones están dadas para atender a unos de ellos y se pretende que continúen las subvenciones, "para hacer el bien". El problema es que se puede creer que para hacer el bien vale todo, y, desde luego, no vale todo. No vale perder la independencia, no es bueno hacer algo aparente para obtener una subvención, aunque se crea que con ese dinero se va a dar de comer a muchos. El interés lo contamina todo y no sirve de ejemplo a nadie. Se terminan viendo las cosas de forma muy diferente. Para atender una zona con conflictos no se puede excluir a nadie. Si se excluye a alguien da igual lo que hagamos que todo será inútil, ya tratemos a 1000 millones de personas. Si los exponemos a las consecuencias de que tengan odio hacia sus hermanos, estamos facilitando un gran perjuicio.

3. 5. CÓMO EVITAR QUE SE COMETAN DELITOS
Las actitudes que yo recomendaría para evitar conductas delictivas serían fundamentalmente: Poner la seguridad en lo que uno hace con buena intención, no en lo que uno va a recibir en cuanto a bienes materiales se refiere, ya sea bienes económicos o de prestigio y no creer que actitudes agresivas van a solucionar nada.
¿Por dónde podríamos empezar? En primer lugar por la revisión de la actitud de uno mismo en su trabajo y en su entorno. Sería saludable preguntarse, ¿hacia dónde me dirijo con mi trabajo? El que se dirija a un beneficio personal y no hacia un bien social está causando un daño, aunque sea por omisión. En segundo lugar y una vez dado el primer paso, favoreciendo el mismo cambio individual sobre diversas personas o colectivos, siempre en forma de propuesta o exposición, nunca de imposición, porque por esa vía es imposible acoger una buena actitud que además va a ir un poco contracorriente con respecto a lo habitual.


3. 6. EDUCACIÓN DE HIJOS:
Al hablar de educar a los hijos se suele pensar en qué decir y hacer en la tarea de educar. Efectivamente, hay técnicas mejores pero lo fundamental, y lo que orienta todas ellas, es la propia vida de cada uno de los padres, siendo esto precisamente lo que más cuesta. Es fácil intentar cambiar a otro pero lo difícil es cambiar uno mismo.
Generalmente, cuando un padre refiere que ha hecho todo lo posible por un hijo se refiere a todo lo posible menos a lo fundamental, que es lo más difícil. Generalmente ha hecho todo lo que estaba bien visto y en ese sentido se ha esforzado, pero, generalmente, no ha hecho nada en lo que pudiera quedar en entredicho su actuación. Por supuesto que en este buen hacer va a influir la propia actitud vital del padre. Si ésta fuese buena tendría más fácil el sobreponerse a su propia imagen y buscar el bien real del hijo. El hacer cosas que cuestan en este sentido es lo que más escasea incluso por un hijo.
Si un padre pretendiese mejorar la educación que brinda a sus hijos comenzaría preguntándole cómo enfoca su vida, en el terreno laboral, con sus amistades y en general en cualquier ámbito. Es posible que le extrañase y dijese que él no tiene nada que cambiar. Muchas veces el interés por la mejora del otro, incluso cuando el otro es un hijo, termina ahí, cuando a uno le cuesta en aspectos tan delicados como vencer el poder o la esclavitud de la propia imagen personal. Cuando el dar ya no va a ser aplaudido, sino que puede ser criticado, incluso en el ámbito familiar, la intención flaquea, aún tratándose de un hijo.
Una persona crece más como persona cuando actúa en conciencia y se dirige a aportar el máximo bien común, tanto en el terreno laboral como en otros, incluso, aunque esto le cause un esfuerzo con respecto a su propia imagen, dado que pueden existir presiones que vayan en otra línea menos eficaz, aunque quizá más aparente. El cubrir las propias necesidades materiales nunca es una buena guía mirado desde una perspectiva amplia. Es preferible poner la seguridad en la propia actuación bien dirigida y según el propio criterio, con lo cual se abarcan todos los factores. Por esta vía me extrañaría que quedasen sin cubrir los factores materiales, y además abarcaría otros muchos factores fundamentales. Sin embargo, queriendo garantizar lo material se descuidan otros factores, además de no ser el fruto de nuestro trabajo tan beneficioso en el mejor de los casos, o claramente perjudicial en la mayoría, aunque sólo sea por omisión.
Si un padre quiere mejorar la conducta de su hijo, no puede perder este objetivo de la mente en ningún momento, además de, por supuesto, mejorar su actitud de vida que es fuente de ejemplo. Deberá eliminar todo lo que no vaya en este sentido, todo lo inútil. Deberá ir a la raíz de los problemas y sobre todo en un sentido positivo, con afecto y aceptación incondicionales. Si el hijo grita, el padre podría perder el rumbo de su actuación y gritar también. Si lo hace o ha hecho debe reflexionar sobre ello, preguntarse qué buscaba en ese momento, ¿su orgullo? Eso es lo que tiene que eliminar, y no vale disculparse diciendo que no se le pueden consentir ciertas cosas precisamente para educarle. Así, a la fuerza, no se modifican las conductas. Si esa persona se sobrepusiese a su imagen y buscase el bien real del hijo seguro que se encontraría mejor. Lo único que tendría que perder sería una falsa autoimagen de perfección, que no le llena por ser superficial y que sólo serviría para atarle y esclavizarle. Si es capaz de sobreponerse a ella, renunciar a ella por el bien de su hijo, se encontrará con la sorpresa de una mayor felicidad.
En cuanto a aspectos más concretos, yo diría lo siguiente con respecto a la educación de los hijos: intentar fomentar lo positivo, observar la conducta, observar la conducta que queramos cambiar, intentar ver e incidir sobre la causa de ello. En líneas generales, para tratar la causa de un problema de conducta en un niño, generalmente, no nos equivocaremos con afecto del bueno, realmente encaminado al bien del hijo con el respaldo de nuestra propia vida, y aceptación sin condiciones hacia el hijo. La aceptación, si es condicionada, no es saludable, tanto si es aceptación por una conducta superficialmente buena como si es no aceptación por una conducta superficialmente mala. La aceptación, así como el amor, no puede estar supeditada a lo que la otra persona haga. Si esa persona actúa mal precisamente estará necesitada de más amor, y no sería sano rechazarla en ese momento. La aceptación, sólo si el niño es o se porta de tal forma, al igual que podría ocurrir entre adultos, no es en absoluto saludable. La persona, aunque sea un niño, necesita sentirse libre para actuar, no condicionada. Tanto el que no es aceptado por su mala conducta como el que es aceptado por su obediencia, por adaptar su conducta a los deseos de los demás, están sufriendo un daño. Y yo diría que incluso más el segundo. La aceptación mejor es sin condiciones. Otra cosa, por supuesto, es que la persona ya no pueda hacer más en un asunto. Lo deja no por no aceptar a los implicados, sino por creer honestamente que ya ha hecho lo que podía. Sin embargo, siempre estará dispuesto el que acepta a ocuparse si algún cambio le hiciera ver que puede hacer algo. No está cerrado como el que no acepta, porque no lo tolera y no se guía por una buena intención.
Los padres, al igual que los niños, además de actitudes, pueden tener patologías en las que estén implicados otros factores como los biológicos. La actitud colabora en la buena marcha de todo absolutamente y no es incompatible con otro abordaje, sino que, por el contrario, ayudaría a acercarse a recibirlo si fuera necesario.
A veces nacen niños con limitaciones personales, como trastornos de aprendizaje, incluyendo cálculo, lecto-escritura, nacen niños con retraso mental, niños hiperactivos con dificultades en la atención. Por supuesto que en todos estos casos están influyendo factores biológicos, no sólo psicológicos ni ambientales. Sin embargo, por supuesto que la actitud colabora en la buena marcha de esto. Es posible que a un niño con una limitación se le haga la vida imposible si no se le acepta con esa limitación y se pretende que sea como los demás en ese aspecto. Lo que comienza siendo una dificultad mínima se complica con el rechazo y la no aceptación de los padres, y por supuesto, todo esto complica el cuadro y no sabemos a dónde podría llegar. Lo mismo ocurre cuando el niño por su especial biología o constitución tiene problemas de conducta. No es infrecuente que se formen círculos viciosos entre la agresión del niño y la poca aceptación por parte de los padres, lo cual es una agresión grave al niño que necesita aceptación, con lo que la agresión crece en vez de disminuir. Independientemente de que exista una patología física y por supuesto que se pueda beneficiar del tratamiento correspondiente, la actitud, en este caso fundamentalmente de los padres, la cual transmitirán a sus hijos, jugará un papel muy importante.
La primera actitud que habría que trabajar sería la aceptación de esa limitación. Que el niño tenga una limitación no quiere decir que no valga para nada. En absoluto y además, por el contrario, las limitaciones también tienen su función y su sentido, abren a mundos diferentes y también enseñan cosas y se desarrollan otras habilidades. Para aceptar esa limitación nada mejor que aceptar cada padre a sus hijos como son. Cada niño es diferente, cada niño tiene sus especiales cualidades y cada padre hará bien en guiar la vida de ese niño tal como es. Si no lo guía como es, sino que pretende que sea de otra forma, o pretende imposibles, que tenga más de esto o de lo otro, le hará un gran daño.
Cada niño con su especial combinación de cualidades y limitaciones es único, no hay otro igual. Muchas veces, muchas personas refieren que han logrado grandes cosas precisamente gracias a sus limitaciones, o sea que éstas pueden tener una utilidad clara. Una persona que haya sufrido por ejemplo siempre puede ser más sensible y comprender mejor al otro si lo intenta. Lo fundamental es guiar al niño y encaminarlo para que llegue a ser lo mejor que puede llegar a ser, no como no es o el mejor del mundo. Muchas veces una persona adulta dice que él es así porque nació así. Sabemos que nos hemos hecho como somos en este momento pero, desde luego, eso no abarca todas nuestras posibilidades. No sabemos cuál es la mejor versión de nosotros mismos y sería bueno conseguirla. Las mejores actitudes nos irán haciendo que lo consigamos, y las peores actitudes, que nos alejemos, que no nos conformemos con lo que tengamos, que queramos más de esto o de lo otro y menos de lo de más allá y en definitiva que no le veamos un sentido a nuestra particularísima y única forma de ser. Las versiones óptimas de una persona, el llegar a ser el mejor uno mismo posible, siempre serán una maravilla por muchas limitaciones y pocas cualidades que se tengan, porque sin duda, lo que más limita es una mala actitud.
Los padres también pueden tener una patología, ya sea física o psicológica. Independientemente de los factores que influyan, será bueno fomentar una buena actitud. Por ejemplo, en el caso una madre sobreprotectora, y sin entrar en por qué ha llegado hasta ahí, no sería beneficioso darle al hijo de todo, sino que será bueno darle afecto del bueno, lo que le venga bien. Desgraciadamente, muchos chicos pueden vivir todavía con una imagen idílica de la madre, por haberles consentido todo. Sin embargo, como sólo lo bueno tiene efectos beneficiosos, esa imagen no ha dado lugar a beneficios.
Algunas madres se quedan atadas a su papel de madraza y perfecta y les es difícil perder dicha imagen al mejorar su actitud y al permitir que sus hijos vean sus limitaciones, o les es difícil superar el que las tachen de cualquier cosa al no atender sus deseos inmediatos. Muchas veces en el ámbito familiar surgen las mayores dificultades para el cambio, precisamente por una mayor atadura emocional.
Los padres no son perfectos y no se les quita honra por ver esto. Es más, eso seguramente significará una mejor educación el ver las cosas como son y además seguramente el padre no quiere realmente que el hijo le imite en sus defectos, sino que se eduque de la mejor forma posible
Con respecto a los trastornos de conducta en el colegio no es infrecuente que se formen también círculos viciosos si lo que prima es el orden externo más que la educación integral de la persona, en este caso un niño.
En líneas generales, el hijo en sus primeros años va a hacer lo que ve. Por supuesto que lo hará con las manifestaciones propias de su forma de ser, no con las del padre. Y en este sentido sí que los padres se pueden llevar sorpresas. Puede que, por ejemplo, el egoísmo de los padres incluya la familia, se ocupen de su familia y de nadie más, pero si el hijo aprende a ser egoísta, a lo mejor no incluye a la familia. El padre se llevará una sorpresa. No es más que lo que ha visto pero con otra manifestación. Además, la actitud o conducta que no mejora, va a más.
Cuesta trabajo reconocer que uno se ha equivocado, pero es la única forma de no proseguir la equivocación. Por la vía de reconocer los propios errores se comenzará un camino de más autenticidad y perfección real.

3.7. CAUSAS DE LA VIOLENCIA.
Cuando hablamos de violencia enseguida pensamos en alguien causando un daño físico a alguien. Sin embargo, el concepto de violencia es un concepto más amplio.
Existe una violencia generalizada en la sociedad. Muchas personas quieren conseguir sus cosas como sea y a costa de lo que sea. Vivimos en una sociedad muy materialista con fuertes intereses particulares creados. El trabajo está enfocado hacia recibir un salario u otros bienes materiales pero no está enfocado, como sería lo ideal, hacia brindar un servicio. Existe violencia en todos los campos sociales. No se libra ninguno, aunque sí alguna persona por supuesto. Existe violencia en los hospitales cuando priman otros intereses y no el bien del enfermo, existe violencia en los colegios cuando no se asume la educación de un niño con problemas, existe violencia en los medios de comunicación, cuando están pendientes de la audiencia y no de aportar un bien a la población, violencia en el político, cuando está pendiente de una apariencia y de recibir un voto o de los intereses particulares y no de procurar el bien común.
Existe violencia siempre que la persona se guía por intereses particulares y lo demás no le importa o no le importa tanto.
Existirían en una persona mecanismos internos y mecanismos externos para controlar la violencia o lo que es lo mismo, para generar conductas pacíficas. Si estos fallan siempre va a haber violencia, sea ésta franca o no,
Los controles internos son pautas de actuación en las que cree la persona como forma de actuar. Una actitud ante la vida y ante las circunstancias en la que la persona se encamine a ver la realidad y a mejorarla, constituiría un óptimo control interno así como la actitud tanto de hacer un daño activo como pasivo al pasar indiferentemente ante las dificultades ajenas, constituiría una falta de control interno para este tipo de conductas.
Este mecanismo de control interno falla de forma generalizada en la sociedad, dado que vivimos en una sociedad muy materialista con fuertes intereses particulares creados y en donde la mayor parte de las personas busca con su trabajo no procurar un bien, sino sencillamente recibir un salario o su propio bienestar. Si falla este control interno siempre se cometerá violencia, ya sea activa o pasiva, ya sea franca o escondida, ya que existe violencia siempre que la persona se guía por intereses particulares y lo demás no le importa o le importa menos. En esta sociedad la persona con alguna dificultad especial sufre una violencia permanente, sufre la violencia de la indiferencia, de la falta de cuidados.
Al fallar este mecanismo interno de control o bien una orientación acertada, la persona va acumulando tensión ante muchas circunstancias, ante cualquier daño que recibe y en el que en vez de tener una actitud constructiva, se va cargando con el odio u hostilidad hacia los demás a los cuales tenderá a culpar de su mal.
El control externo de la conducta tiene su utilidad siempre que tenga lugar con el anterior. Mientras que nuestra actitud no mejore lo suficiente será conveniente al menos adoptar una conducta tranquila, por ejemplo saber que en principio enfadarse o gritar no sirve de nada. El control externo se refiere a todo aquello que hace que controlemos nuestra conducta externamente. Sin duda si va acompañado de controles internos tiene su utilidad. En este caso, ambos controles podrían alimentarse recíprocamente.
Sin embargo, si el único control que se ejercita es el externo, por férreo que sea, sólo necesitará de un cierto ambiente emocional (como podría ser cualquier momento de estrés, o en un lugar donde sea más fácil dar carta blanca a las emociones como un partido de fútbol, por ejemplo, o bien estar en un ambiente de agresiones), un consumo de drogas o alcohol o alguna sustancia que desinhiba, para que se desaten sus auténticas intenciones.
A una persona que empieza a descontrolarse le es más difícil parar, dado que el descontrol genera descontrol, y sobre todo si también está alimentado desde el exterior y fallan los mecanismos internos o de convicción, de creer en lo bueno y no en lo malo.
No es tan grave la violencia de ningún grupo como la violencia de la sociedad, la cual si no se resuelve comenzando cada uno a poner de su parte sin exigir al otro, porque en el actuar en conciencia y con buena intención no valen exigencias, siempre dará lugar a diferentes manifestaciones que en realidad son como avisos de que las cosas no están bien.
Por ejemplo, imaginémonos un chico que es detenido por agresión durante un partido de fútbol, ¿qué van a hacer por él las personas supuestamente sanas y adaptadas que lo vean?, si nadie lo atiende y trata, todo irá a más.
Los problemas hay que tratarlos individualmente, tratar a cada uno de los detenidos. No consiste en echar la bronca y quedarse en la manifestación superficial, sino acercarse a él y a su familia y programar una intervención. La falta de esta asistencia sería una violencia por parte del Estado y por parte de cada uno de los que intervienen en ese asunto.
El control externo de la conducta en general y de la violencia en particular es sin duda un control mucho más débil. La conducta ya no se guía por convicción como en el control interno, sino que consiste en adoptar una conducta con la que se cree que se va a obtener más beneficios o bien se van a evitar castigos. En este tipo de control también ayuda el factor más externo de la educación y urbanidad. Sin duda este tipo de control, cuando va aislado, no tiene mucha estabilidad y tendería a desaparecer en muchas circunstancias. Un ejemplo sería la violencia que podría tener lugar durante un partido de fútbol. Las condiciones que se dan en esta situación y que favorecerían un mayor descontrol de la conducta externa podrían ser las siguientes: el tratarse de una situación de gran carga emocional para muchos, en la cual se tiende a dar rienda suelta a dichas emociones, por ejemplo con gritos o patadas; la existencia de masificación; la posible existencia de estar rodeados de conducta violenta; un posible consumo de sustancias(alcohol, cocaína o anfetaminas) durante el efecto desinhibidor de los mismos; la necesidad de sentirse formando parte de un grupo, de tener una identidad, un objetivo, aunque éste sea agredir, dada la carencia de objetivos y orientación sanos. Por supuesto, el no guiarse por convicciones propias favorece el que ellos sean guiados en masa más fácilmente ya sea por su imagen, por la opinión ajena o por una ganancia económica. La fuerza física, las conductas de riesgo, el ser osado y atrevido gozan de popularidad y son aplaudidos en algunos grupos. Esto se junta con la desmotivación de los jóvenes, su juventud, su falta de orientación, lo cual facilita que vayan sobrecargándose de tensión u hostilidad a lo largo de la semana; entonces el fútbol o cualquier disculpa será buena para liberarse de dicha tensión mediante la agresión; podría incluso suceder que el fútbol fuese un momento buscado para desahogarse de esa tensión, o bien para buscar una sensación nueva en un intento desesperado de rellenar por una vía equivocada el vacío e insatisfacción que se siente ante una orientación materialista y hedonista de la vida.
El problema se resolvería con relativa facilidad si tuviese una respuesta óptima por parte de la sociedad, pero me imagino que esto puede chocar con la indiferencia de la sociedad. Por ejemplo, a la hora de resolver ese problema, ¿quién se interesa por ellos, por su problema individual? Están en un momento clave, decisivo en sus vidas, están en una situación de riesgo en la cual puede suceder cualquier cosa.
La única solución es que cada uno desde su puesto, desde su sitio se encamine al mayor bien posible y no a representar un papel. Para salir de esta estructura social de intereses creados hay que llamar mucho la atención, arriesgarse a ser criticado y presionado de múltiples formas.
Y, por supuesto, dado que esta situación existe, cualquier medida de seguridad es fundamental que no se quede en lo concreto sino que se encamine a un bien real y futuro de todos los implicados. Seguro que eso le dará seguridad y confianza a la persona que hace esta labor con esta dirección, y, sin duda, mejorará su labor en aspectos como observación y vigilancia.
Dentro de este marco de violencia, de intereses particulares creados, las dificultades no interesan, se apartan y echan fuera, creándose así un círculo vicioso. Todo esto da lugar a que surjan diversos avisos de que las cosas no marchan todo lo bien que alguien podría haber llegado a pensar. Surge la violencia manifiesta físicamente por ciertos grupos generalmente con especiales dificultades o que salen especialmente perjudicados en esta estructura. Se ha observado la existencia de más conductas violentas en niños que han tenido dificultades en el aprendizaje (Lewis), como lecto-escritura o cálculo, niños que han padecido problemas de hiperactividad con déficit de atención, retraso mental o cualquier tipo de trastorno orgánico (Kaplan & Sadock). En la génesis de esa violencia pienso que habrá podido influir la posible falta de cuidados recibidos, las recriminaciones o la marginación por su limitación.
Uno de ellos podría ser el de los jóvenes, quizá desorientados y sin motivación porque lo que ven en la sociedad y en sus padres quizá no les convenza, y eso, a veces, en el mejor de los casos. Les proponen como única salida el tener un puesto de trabajo y ven que eso es difícil de conseguir. Están por su edad y situación especialmente desorientados. Todavía son muy jóvenes para analizar lo que ven y adoptar alguna conducta alternativa a lo que ven.
La violencia franca es más fácil de tratar que la violencia oculta del egoísmo y de la indiferencia en la cual la persona puede pensar que actúa bien por no cometer un acto de violencia física, aunque cometa graves omisiones u otro tipo de violencia.
La persona con alguna dificultad especial sufre en su propia carne una violencia permanente, sufre la violencia de la indiferencia, de la falta de cuidados. Sólo se le hará caso para llevarla a prisión cuando cometa un delito.
La sociedad tiene una estructura violenta porque es materialista y egoísta. Esto se puede cambiar. Cada uno tiene una posibilidad de elección entre buscar el materialismo con su trabajo o buscar el bien común, única forma esta última de no colaborar con la violencia.

3.8. IMPLICACIÓN DE LAS ACTITUDES EN EL TRATAMIENTO DE LA DROGODEPENDENCIA
Dentro de los factores que facilitan el consumo de drogas estaría el deficiente afrontamiento de la vida y de los acontecimientos.
No se deja la droga diciéndole únicamente que no al consumo de droga, si todo lo demás sigue igual, todo más podría llegar cambiarse de droga. Si la vida no tiene sentido, ¿cuál va a ser el freno para dejar de consumir una sustancia que apetece?
Por eso es tan importante decirle que sí a un hacer algo en la vida, que pueda llegado el momento servir de freno a la hora de pensar en consumir drogas. El pensar en los demás permite ver mejor que el pensar en uno mismo, dado que si uno sólo piensa en uno mismo puede llegar a pensar: ¿y qué mal hago? el mal fundamental que se hace no es sólo la comisión del consumo en sí sino que lo que se deja de hacer de bueno en la vida, el tirar la vida por la borda.

3. 9. ÓPTIMO ENFOQUE DE LOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS. LA INFLUENCIA DE LA ACTITUD DE LOS PROFESIONALES
La ciencia es una fuente potencial de conocimientos de gran utilidad para el hombre. Lo malo surge cuando los científicos se ponen, como objetivo último, al servicio de los intereses materiales particulares de todo tipo, y olvidan el objetivo del bien común o beneficio de la humanidad.
Un amplio enfoque no entorpece la labor del científico sino que, por el contrario, una amplia visión encauza los trabajos en el mejor sentido. Si el objetivo es erróneo sólo la casualidad podría hacer que se consiguiesen unos conocimientos acertados.
Y por supuesto que además del objetivo último y principal del bien común pueden existir otros objetivos más concretos y cercanos, que de forma deseable estarán incluidos dentro del objetivo principal. Así por ejemplo la buena orientación o actitud del científico ayudará en su labor incluso en los estudios científicos de ciencias básicas o ciencias puras en los cuales por definición se estudian los fenómenos naturales y otros aspectos del saber por sí mismos, sin tener en cuenta sus aplicaciones. Sin duda, la actitud vital del científico conducirá de la mejor manera este tipo de saber, al cual no se le ven las aplicaciones tan claras como en el estudio de las ciencias aplicadas.
Con respecto al enfoque óptimo de los profesionales, igual que ocurre en el caso de los padres, muchos profesionales se preguntan qué hacer en determinados casos y la respuesta sería la mejora de su propia actitud vital con su labor. Por ejemplo, un médico general puede preguntar qué hacer ante una familia con un hijo con trastornos de conducta. Se trata de aspectos en donde la ciencia no tiene una respuesta salvo en casos muy concretos. Lo fundamental por ejemplo en este caso es la propia actitud vital del médico (al que he puesto como ejemplo por dedicarme yo a esa profesión). Seguramente esa familia estará más necesitada de orientación que de otra cosa y sólo si el médico vive una buena actitud podrá ver de forma acertada la orientación de los demás y podrá encaminarse a tratar lo que no vea deseable. Para un médico sin una buena actitud vital será imposible abordar con éxito este problema, en el cual están muy implicadas las actitudes de los afectados.
Considero que un aspecto descuidado por la medicina actual es el atender a todos los factores psicológicos implicados en la salud. Pienso que la medicina actual está demasiado involucrada en criterios de "operatividad": número de cirugías, número de tratamientos farmacológicos; dentro de este planteamiento la atención psicológica al paciente apenas cuenta. Sin duda en esas estadísticas no cuenta toda la patología que se podría evitar con una atención integral de la persona. Eso en número no existe. Tiene que enfermarse la persona para que cuente al ser sometida a tal o cual intervención.
No cabe duda de que para tratar cosas concretas como por ejemplo un cáncer, cuando ésta ya se ha producido o bien se ha producido una patología de cualquier tipo, hay muchos adelantos muy beneficiosos. El despliegue de medios cuando existe una urgencia puede ser tremendo y espectacular. Nos queda por saber cuánta de toda esta patología podría haberse evitado.
No cabe duda de que las actitudes de los médicos están involucradas en la atención que brindan. Si se busca el interés particular, se podrá ser un experto en tal o cual técnica pero, sin duda, un mal médico. Quizá algún médico utilice una determinada técnica muy sofisticada de forma muy brillante si tiene cualidades para ello, pero quizá siendo mejor médico podría haber evitado el que llegase el momento en que fuese necesario utilizarla.
¿Se ven en las estadísticas de atención sanitaria cuántas enfermedades se podían haber prevenido?
Efectivamente muchas personas no quieren cambiar. Por ejemplo, en todas las enfermedades psicosomáticas en las que existe una influencia psicológica clara, se puede pensar en quién va a querer cambiar. Acaban antes dándole una pastilla y ya está. Sin duda, algo se lograría brindándoles al menos esa posibilidad. Por ejemplo hace años leí en una prestigiosa revista americana que el primer tratamiento de la hipertensión era la meditación. ¿Cuántos médicos brindan a sus pacientes al menos esta posibilidad o se lo mencionan siquiera?
He puesto el ejemplo de los médicos, sin embargo el interés particular todo lo contamina y esto abarca a todas las profesiones. Por poner otro ejemplo, en el caso de los abogados, cuántas veces el satisfacer a los clientes en sus demandas inmediatas los perjudica realmente, ya sea por ejemplo en el caso de que alguien se vea en trámites de divorcio y lo que solicita el cliente de forma inmediata le va a perjudicar gravemente a la larga; o bien en el caso de estar encargado de la defensa de una persona, situación en la que, sin duda, harían más por su cliente pensando en su auténtica defensa, y no sólo atendiendo a su deseo inmediato de salir cuanto antes a la calle. Con una visión más amplia, no sólo limitada a lo inmediato, así como, por supuesto, con una actuación más desinteresada, se acertaría más.

3. 10. VIOLENCIA DOMÉSTICA
Al tratar cualquier caso de violencia doméstica de forma deseable hay que incluir a todos los implicados. No sirve de nada, intentar tratar a uno y dejar al otro. Con esto, sin duda, no mejoraría ninguno. No se trata de ver quién es el culpable sino de solucionar la situación. Comenzar por la persona que nos presenta el problema, facilitando y orientando en todo aquello que pueda estar en su mano. En ningún momento dejarla con la sensación de estar indefensa frente a las circunstancias. Más saludable sería ayudarle a vislumbrar todo lo que puede hacer en las mismas. Se puede uno encontrar con muchas resistencias en este sentido. Este acercamiento no sería incompatible, sino que podría incluso facilitarlo si fuera necesario, con la necesidad de ingreso de uno o ambos, separación física temporal o incluso para siempre si el caso lo aconsejase. En cualquier caso, nuestra buena actitud hacia todos los implicados y facilitar también la buena actitud y comprensión mutuas siempre serán de ayuda. Lo ideal es que cualquier medida que se adopte, al observar el estado en el que ambos se encuentran, fuese es este marco.
Independientemente de las limitaciones que puedan tener estar parejas en el desarrollo de su personalidad, el cual seguramente ha sido muy seriamente dañado, una buena actitud influye.
Será bueno comenzar a tratarlos por el que comienza la demanda de tratamiento. Por supuesto, que la demanda puede estar en principio mal enfocada.
Según referencias (Sadock, Virginia A. 1997) sabemos que:
En una familia donde existe violencia doméstica es habitual que ambos procedan de hogares donde ha habido violencia.
El abusador puede diagnosticarse de enfermedad mental o bien de persona inmadura, dependiente, que sufre un gran sentimiento de inadecuación. Persigue con la agresión el objetivo de fortalecer su propia autoestima. Los abusadores con frecuencia han vivido en familias con frecuente consumo de alcohol o de drogas y han sido víctimas de maltrato en la infancia. Es más probable el abuso cuando el varón se siente amenazado o frustrado en casa, en el trabajo y con parientes. Generalmente, busca la propia autoestima y un desahogo de problemas mal afrontados.
Un marido celoso y posesivo puede intentar aislar a su esposa, bajar su autoestima, que se sienta inepta, falta de trabajo e incapaz de sobrevivir sin él con la finalidad de hacer a la esposa dependiente de él.
La víctima de un maltrato doméstico con más frecuencia pertenece a familias con abuso de drogas (particularmente abuso de alcohol) y procede de hogares violentos.
Las víctimas del maltrato de familiares tienen como rasgo de personalidad más frecuente la dependencia. Se perciben a sí mismas como incapaces de funcionar solas o sin un marido en el mundo. Ellas se definen a sí mismas por su marido. Más del 50% de mujeres que reciben abusos crecieron en hogares violentos.
Me imagino que estas limitaciones emocionales pueden estar agravadas por recursos limitados culturales y sociales.
La demanda inicial puede estar enfocada hacia que le quiten, por ejemplo, el problema, sin hacer la más mínima autocrítica de su propia conducta. Sería negativo reforzar la indefensión de la mujer, reforzar su visión de víctima de las circunstancias, de encontrarse a expensas de las circunstancias externas sin capacidad para modificar dichas circunstancias o aprovechar su vida.
Por supuesto que lo que hay que tratar no sólo en aquello secundario a la propia relación sino que hay que ir más atrás. En la mutua elección como pareja seguramente también estaría implicada la particular forma de ser de ambos.
Suele tratarse de una patología de ambos miembros de la pareja, no de uno de ellos, y a ambos hay que encaminarse a tratar, ayudando a que cada uno vea su parte y se encamine a tratar al otro de la forma que crea más eficaz.

3. 11. SITUACIÓN DE PARO
Muchos trabajadores están preocupados porque ven peligrar sus puestos de trabajos actuales ante los avances tecnológicos. Muchos ven un verdadero problema en esto que en principio facilita las tareas, ¿cuál es el problema? Que se quedan sin trabajo como fuente de manutención. Yo me pregunto entonces qué finalidad tiene el trabajo, ¿hacer un paripé? En una ocasión oí que se ponían en huelga de hambre y pedían una solución a los empresarios. En este tipo de casos lo ideal son las soluciones a varias bandas y lo único que soluciona los problemas es la buena actitud, pero no sólo de los que tienen un poder social sino de todos, incluyendo a los trabajadores. Nadie duda que existen circunstancias externas más o menos favorables para una persona, pero, siempre, lo fundamental es la respuesta de esa persona a dicha circunstancia. Ningún cambio tecnológico es causa de nada malo por sí mismo, pero sí lo podría ser la posición inmovilista de algunos trabajadores que lejos de agradecer y utilizar los avances de la ciencia ven peligrar con ello su puesto de trabajo y lo ven con desagrado, aunque sea un bien para la sociedad. No me cabe duda de que esto supone para el trabajador una mayor incertidumbre que continuar como siempre, pero no es sano poner la confianza en el sueldo que se recibe, sino que en lo que se hace. Por supuesto, que esto no debe confundirse con cruzarse de brazos como muchos interpretan al oír hablar de buena actitud, diciendo: “O sea que no hago nada”. No se trata de no hacer nada, sino de hacer lo máximo pero poniendo la confianza en lo que uno aporta de bueno a la sociedad.
La solución de las situaciones laborales no es de unos pocos, sino de todos. Viviendo una buena actitud, por supuesto, los empresarios y gobernantes lo harán mejor de forma auténtica, aunque pudiera quizá no gustar en un principio, ya que no necesariamente iría encaminada su actuación a facilitar que la persona pusiese su confianza en lo material. Como una buena actitud no se puede obligar a nadie a vivirla, lo único que se puede hacer es empezar a vivirla uno mismo y, por supuesto, trabajar en este sentido. No es bueno dejar a unas personas con la sensación de indefensión frente a las circunstancias, el pensar que la solución depende de otro no facilita ir avanzando.
Se le hará un gran bien al trabajador si se le facilita el que piense en aportar algo, y que ponga su seguridad en su propia acción bien dirigida y no en su acción más bien dirigida a coaccionar a otra persona, ya que a la larga no sirve. Por supuesto que todo el mundo tiene necesidades materiales pero no son buenas como enfoque.
Con respecto a las personas que se encuentran en una situación de paro o sin trabajo remunerado oficialmente, se me ocurren las siguientes actitudes que pueden ayudarle en su problema concreto: ser consciente de la gran influencia de la propia actitud y comportamiento en la propia vida, así como responsabilizarse de la misma. Hacer autocrítica y no adoptar la actitud poco enriquecedora de echar la culpa a los demás como si éstos tuvieran la obligación de mantenernos.
Existen muchos factores que favorecen esta situación pero todo podría reducirse en último término a actuaciones individuales; comencemos por la nuestra.
Si te encuentras en una situación de paro puedes pararte a pensar: ¿qué puedo aportar yo a la sociedad con mi trabajo?, ¿qué sé hacer?, ¿qué se me da bien?, ¿para qué tengo facultades? En relación con lo anterior: ¿qué necesidades existen en las que yo personalmente pueda colaborar?, ¿qué necesita realmente la gente? Es importante en todo lo que se haga buscar siempre el cauce legal. El irse por otro camino significa, además de una falta de progresión y una limitación muy importante, un pensar sólo en el propio problema personal. El encontrarse dentro de lo ilegal tiende a callar la boca por propio interés e impide el solucionar las cosas para todos. Pienso que aunque la persona esté muy apurada por gastos de manutención familiar, el enfoque de hacer algo siempre es más enriquecedor, más creativo y cubre más aspectos que el pensar sólo en solucionar el propio problema económico.
En resumen, hay dos grandes vías de actuación: En una, se pone la confianza en nuestra propia actuación bien dirigida hacia crear un bien, y en otra, se pone la confianza en las ganancias personales inmediatas, en el beneficio personal y económico que se obtiene. Según mi opinión la primera vía es mucho más segura dado que se construye sobre sólido, y eso ya no hay corriente que pueda llevárselo. De la otra forma se construye más en el aire, se pone la confianza en factores externos que ya no dependen totalmente de nosotros.
Si buscas trabajo, ya puedes considerar que lo has encontrado, ponte a hacer algo por el bien común, lo que tú consideres. Si buscas un sueldo lo tienes más difícil, además de que la orientación no es tan buena. Puedes hacer una prueba por ejemplo de ver qué pasa si te pones a trabajar por el bien común, por supuesto, dentro de los cauces legales. Estoy segura de que no terminarías defraudado pero sólo serviría, sin duda, si es real. Si alguien me dijera que ya la ha puesto en marcha y no le ha funcionado, le diría que, si se ha vuelto atrás, quizá no lo había puesto realmente en marcha. Quizá estaba pensando en obtener una ganancia.
En el terreno laboral y en relación con lo anterior, está muy extendido aquello de trabajar para comer, habiendo llegado el trabajo a perder su sentido de servicio a la sociedad. El enfoque óptimo del trabajo sería, en primer lugar, buscar hacer un servicio a la sociedad. Estoy segura de que quien ponga esto en práctica cubrirá sus propias necesidades de la mejor forma. Si se encamina a trabajar para comer, su trabajo tenderá a no ser tan bueno, tan libre e independiente y por esta vía su grado de satisfacción, su estado de ánimo, la educación de sus hijos, la relación con su cónyuge se resienten. Por esta vía será bueno atender a los avisos que surgirán con más facilidad, uno de los cuales podría ser la separación, otro la agresividad de los niños. Claramente existen unas necesidades materiales, pero el asegurar las mismas no sirve de enfoque vital. Por el contrario, un enfoque material pone a la persona en el camino de equivocarse y de causar daño.
En esta sociedad se considera casi normal que la gente elija su propio beneficio en el trabajo. El trabajo se mira más como algo con el que se va a conseguir un sueldo, más que como la oportunidad de brindar un servicio. Pero no por ser habitual es saludable.

3. 12. TRATAMIENTO DE LA POBREZA MATERIAL EN EL MUNDO
Muchos piensan que el tratamiento de la pobreza en el mundo consiste en una mejor repartición de lo que se haya ganado de la forma que sea. Muchos incluso creen que es cuestión de que dos o tres den sus ganancias. Aunque la manifestación de esta pobreza es la carencia de lo mínimo imprescindible para poder vivir, la solución nunca es exclusivamente económica.
No se trata de repartirse ningún pastel. Eso me parece una visión pobre y concreta. No sabemos la cantidad de riqueza que se obtendría con una buena actitud generalizada, así como la cantidad de males que se evitarían. Si todo el mundo sigue con la misma actitud, siempre seguirá habiendo pobres, siempre habrá injusticia de una forma u otra y recaerá como una losa muy pesada sobre personas con menos recursos personales.
La solución de la pobreza en el mundo no es económica, sino que es de la actitud de las personas, de que cada uno de nosotros nos encaminemos a un mundo mejor y más justo, pero fundamentalmente con nuestro trabajo en sí, no dando un poco de lo que nos sobra quizá obtenido en otro sentido. De nada sirve poner la confianza en lo material, tener un trabajo de ese tipo y luego mandar una cantidad, aunque sea grande, para solucionar el hambre del mundo.
Si no existe buena actitud y no se ayuda a generar esa misma actitud en esas personas necesitadas no hay dinero en el mundo que pueda llegar a solucionar la pobreza en el mundo porque el ritmo de crecimiento de la misma siempre sería mucho mayor que lo mínimo que se pudiera paliar con alguna ayuda material. Si la ayuda es sólo material, el daño es mayor que la ayuda, por las actitudes que se transmiten como no darle la importancia que tienen a factores tan importantes de cualquier ser humano como es su propia actitud personal, así como también el no intentar un cambio de raíz de esa situación, la cual básicamente incluiría la actitud de todas las personas implicadas.

3. 13. INTERESADOS EN PROMOVER LA PAZ
Todo el mundo parece estar de acuerdo en querer la paz. En lo que hay discrepancias es en la forma de conseguirla. Muchas personas dicen que quieren conseguir la paz, pero no creen en su eficacia. Intentan conseguirla a la fuerza, mediante un control externo de la conducta, pensando que la paz va a venir ordenada por una determinada estructura o institución. La paz auténtica nunca se conseguirá por esta vía de control. Lo más que podría conseguirse por esta vía sería un orden externo precario. Lo único que da estabilidad a la conducta es la actuación por convicción, haberle encontrado un auténtico sentido a lo que se hace, y esto no se consigue a la fuerza, sino que incidiendo sobre la libertad de la persona y facilitando que vislumbre los beneficios de la conducta pacífica en cualquier circunstancia. Los métodos pacíficos incluyen afecto, comprensión, aceptación incondicional y búsqueda del bien auténtico de las personas como ingredientes fundamentales, y realmente hace falta mucha valentía para ponerlos en práctica y arriesgarse a ser tachado de débil, pasivo o incluso de colaborar con la agresión por no criticarla duramente, aunque esto último sea una actitud totalmente ineficaz y no sólo no resuelve la agresión, sino que la perpetúa y la genera. Con la intolerancia no se transmite ningún valor, se transmite más bien que no se cree en la utilidad de los mismos y necesita recurrirse a otros métodos. Sólo puede transmitirse lo que se vive o intenta vivirse. Si sólo vivimos la paz ante circunstancias externas favorables y nos olvidamos de la misma ante circunstancias adversas, ya nos podemos olvidar de transmitir y generar paz.
La paz es una elección personal, una elección que abarca toda la vida, y no puede condicionarse a la actuación del otro. Si la conducta pacífica de una persona tiene un tope, realmente no es pacífica, no cree en la eficacia de la paz y en un momento determinado cambia de método. Porque, ¿por qué cambiar de método si realmente se cree en el mismo y no se cree en otro?
La persona que cambia de actitud ante una situación determinada, pone de manifiesto que no creyó nunca en la paz real. Podía quererla o exigirla por comodidad. Procurar la paz es algo muy exigente, no es no hacer nada y no es indiferencia. Es una opción que se contrapone a la actuación en apariencia generadora de injusticia y por ello de falta de paz.
La paz nunca se va a conseguir con odio, sino con amor. ¿Quién empieza? Pues el que tenga la gran suerte de creer en el amor como solución de los problemas. Y, por supuesto, el que actúa encaminándose al bien común y no al egoísmo, va viendo las cosas de forma muy diferente, ya que la conciencia se forma y se deforma. Así cualquier decisión que tomemos siempre está respaldada por toda nuestra vida, pudiendo por supuesto la persona mientras viva cambiar de dirección.
Si la persona se ha dejado llevar por el egoísmo, aunque éste haya estado revestido de bondad, y casi consiga engañarse a sí misma, llegará a considerar buenos métodos que sin duda no considerará buenos el que haya seguido otro camino. Pongo por ejemplo el aborto. Quizá alguien piense que se puede solucionar algo haciendo daño, matando a un feto. Sin duda, esto sólo hará agravar el problema. Habrá gente que crea en la eutanasia como método. Una persona que ante una circunstancia de una enfermedad grave deje de verle un sentido a la vida es, sencillamente, porque nunca se lo ha visto. Sólo vivía mientras las circunstancias eran cómodas y favorables. La dificultad para mí es una prueba y la mejor forma de afrontarla es poniendo esa circunstancia al servicio de los demás, y desde luego no creyendo en lo malo como solución de los problemas.
Lo que da estabilidad a una conducta es la convicción y esto no se puede imponer. Sí por supuesto se puede y se debe actuar si se ve que una persona no está en condiciones de convivir con los demás, pero nunca de forma agresiva sino con buena intención e intentando ver la causa de su conducta e incidiendo en la misma, no quedándose en la manifestación superficial. Es como la fiebre: uno debe preguntarse a qué obedece, no se va a limitar a tratar algo que es como un aviso, una manifestación de un problema.
En definitiva pedir la paz es fácil. Vivirla no tanto, porque muchas veces no se trata de hacer lo más aparente, con el consiguiente costo personal, y eso cuesta mucho.

3. 14. ANTE LA INJUSTICIA. ANTE UNA CONTRARIEDAD
Existen acontecimientos indeseados o hechos injustos. Ante cualquier acontecimiento que no nos guste o ante una injusticia es bueno pensar en la posibilidad de aportar algo para solucionarlo, si nos sentimos llamados a ello. No quedarse enfrascado en comentarios inútiles que no aportan soluciones. Es muy importante eliminar cualquier comentario, si no se va a derivar un beneficio concreto de los mismos. Es bueno guiarse por una eficacia y por satisfacciones a largo plazo y huir de satisfacciones mediocres del tipo devolver la mala acción o críticas, las cuales perjudicarían nuestra salud a pesar de la posibilidad de un aparente beneficio o desahogo inmediato.
Ante cualquier contrariedad, dirigirse a su resolución, a aportar algo en beneficio de la situación, ver el lado positivo que toda situación tiene, y pensar qué se puede hacer, al igual que en el caso anterior, pensando qué podemos aportar. No tener nunca como objetivo dañar a otro aunque sea psíquicamente, ni cruzarse de brazos diciendo que la solución depende de otros. No encaminarse a defendernos ni añadir nuevas complicaciones como agredir nosotros buscando satisfacciones superficiales. El buscar soluciones eficaces y sólidas nos beneficiará más a nosotros y a los demás. Es importante tener un objetivo claro en cualquier acontecimiento y no perderse en detalles que nos distraigan. Claramente, cuando el objetivo falla, todos los pasos también, y esto lo vemos tanto en asuntos globales como en asuntos cotidianos.
Puedo ver diariamente, que a pesar de todas las injusticias que existen, la mayor injusticia es la que uno puede hacerse a sí mismo. A pesar de las circunstancias difíciles, a pesar de las presiones externas, siempre existe una gran parcela de libertad y elección personal. Nuestras decisiones son determinantes en el aprovechamiento de nuestra vida, no, por supuesto, en el hecho de alcanzar tal o cual resultado, lo cual seguramente depende de varios factores.
El que quiere colaborar con la justicia tiene múltiples posibilidades. Tiene que aportarla con su trabajo en positivo, no sólo haciendo demandas, lo cual puede ser algo socialmente reconocido y que requiere menos exigencia personal. Me espanta cuando alguien refiere que se siente impotente, generalmente haciendo referencia a que pone su seguridad en la actuación de los demás y no en la suya propia.
Tenemos que ser conscientes de lo que cada uno puede hacer y responsabilizarnos de nuestra vida. Es la única forma que conduce a crear justicia. El lograr que exista justicia en el mundo pasa por el cambio individual de todas las personas y para poder transmitir justicia lo que tenemos que hacer primero es intentar vivirla nosotros. Y vivir la justicia puede hacerse con algo tan difícil como sería poner nuestros talentos al servicio de lo que vayamos creyendo que es el mayor bien común y actuando, en esta línea, en conciencia. Realmente poner la seguridad en nuestra propia actuación bien dirigida es lo más eficaz, pero tiene su dificultad, al menos inicialmente, aunque ya desde el primer momento también muchas gratificaciones. En cambio, el buscar nuestro único beneficio personal nos conduce a equivocarnos seguro, además de no beneficiarnos, ya que pensaríamos que nuestro bien depende de asegurarnos una serie de bienes materiales, ya sean económicos o de imagen y en definitiva poner nuestra seguridad donde no está. Por supuesto que tenemos unas necesidades materiales, pero el enfoque material particular es desacertado, en cambio, con el enfoque de hacer algo útil se cubren, y de la mejor manera, todas las facetas necesarias. Nadie puede sumarse a la injusticia de los demás diciendo que no le queda otro remedio, que en otro caso se quedaría sin comer él y sus hijos. Ni para él ni para sus hijos es bueno que nadie cree un mal que, al igual que el bien, también se expande rápidamente.

3. 15. A LA HORA DE ACERCARNOS A UN ENFERMO
Es primordial tener la intención de procurar el máximo bien por esa persona o conjunto de personas. Por supuesto, que esto tiene que venir respaldado por la actitud de nuestra vida. Si nosotros no vivimos coherentemente: ¿Hacia qué bien del otro nos vamos a dirigir?
El tener este objetivo de buscar lo mejor para la persona nos permite darle un pleno sentido a cualquier acción en concreto. Sabemos por ejemplo que un abrazo puede volverse del signo contrario en un momento si no subyace una buena intención.
Si intentamos concretar y dado que también puede haber una forma mejor de llevar a cabo todo esto:
1º. Será bueno brindar afecto real y tener buena intención. Considero preferible una actitud afectuosa silenciosa y muchas veces incompatible con manifestaciones superficiales y gestuales de afecto. Incompatible, dado que nuestro trato y acercamiento tiene que ser muy sensible a la persona, con un profundo respeto por su psique y por su físico. No intentar traspasar insensiblemente su espacio íntimo. Cualquier necesidad de traspasar esta barrera siempre se haría con mucho tacto y delicadeza. Nada de movimientos inesperados, bruscos y toscos. No suelen ser bienvenidas imposiciones ni invasiones desconsideradas. En una ocasión leí que no era infrecuente el empeoramiento de la flebitis en niños con suero y por la desconsideración de sus visitantes. Desde mi punto de vista: no intentar tocar a un niño recién nacido que lo tiene su madre como un primor y está tranquilo si no tenemos las manos y la cara recién lavadas; y aún así, hacerlo únicamente siempre que tengamos la seguridad, no la suposición, de que esas manifestaciones iban a ser bienvenidas. No guiarse por lo que apetezca, sino por lo mejor.
2º. Cualquier cuidado es preferible si pasa desapercibido. Nada de comportamientos solícitos molestos.
3º. Aceptación incondicional de la persona, no juzgarla, sino entender que existe un motivo para cualquier cosa que hace. No poner condiciones para su aceptación. No se trata de crear sumisos, sino de ayudar desde la libertad. Queremos ayudar a la persona desde donde esté. No creemos en conductas que sean coaccionadas, ya que no tienen estabilidad. Nosotros nos dirigimos a lo más estable y sólido.
4º. No actuamos a demanda, nosotros nos encaminamos a lo que creemos mejor. Esta actitud nos protege y es la que da valor a nuestra actuación, independientemente de los resultados.
5º. Muchas cosas se comunicarán mejor con la actuación que con las palabras. No intentar disculparnos si no accedemos a algo que nos pidan. Si lo que dirige nuestra actuación es bueno, eso tiene un efecto.
6º. Brindar a la persona un marco en el que pueda ordenar sus ideas, descubra lo que realmente quiere hacer con su vida y en definitiva se encuentre consigo misma y con lo realmente importante.
7º. Confidencialidad. No es aconsejable comentar nada de lo que oigamos de forma confidencial en este marco, excepto si lo consideramos conveniente para una mejor ayuda y siempre preferiblemente con la autorización de la persona.

3.16. LA JUBILACIÓN¡Error! Marcador no definido.
Muchas veces se equipara jubilación con el fin de la aportación a la sociedad, cuando no tiene nada que ver. La jubilación por supuesto sería el fin de un trabajo de unas determinadas horas y responsabilidades diarias quizá ya excesivas a esta edad pero terminar con este trabajo no significa el fin de aportar algo. Es fundamental para la salud el estar activos y el pensar en aportar algo, cada uno en la medida de sus posibilidades, ya que no se trata de un activismo. Dedicarse únicamente a hacer demandas sería como la muerte en vida. Pensar en aportar algo: es fuente de salud y la mente se ejercita y funciona mejor. Por supuesto que no me refiero a ponerse de chacha de nadie o hacer lo que otro diga que hagamos, ya que podríamos estar fomentando por esta vía la actitud demandante de otra persona, sino hacer lo que nosotros creamos que puede beneficiar auténticamente a una persona, lo cual no tiene por qué coincidir con sus demandas inmediatas. Nadie depende de lo que digan de él.
Por eso, conviene que el buen hacer sea totalmente desinteresado y no estar pendientes de lo que puedan decir otras personas. Por el contrario, si una persona se encamina a recibir afecto y atenciones, no encontraría por esta vía la felicidad, se convertiría en una pesada carga para nuestra familia, ya que una persona demandante se hace insaciable en su demanda dado que no logra lo que cree que va a lograr con cuidados externos, sino que su bienestar depende más bien de lo que aporte.

3.17. EL MATRIMONIO
El que se casa se compromete a amar a su cónyuge en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Este compromiso es recíproco, pero es individual, cada uno se compromete a cumplir el suyo, sin excepciones. No hay ningún apartado que diga, ¿te comprometes a querer a.? .., siempre que él te quiera? No, eso no se pregunta. No exime, pues, de ese compromiso el que uno de los dos lo incumpla. El otro puede seguir cumpliéndolo o no. Sólo si hay amor puede una persona sobreponerse a esta prueba. Si hay falta de amor, esto puede tener múltiples manifestaciones siempre dañinas, siendo las víctimas más indefensas los niños.
Según varios autores (Alexander, 1973, Birchley, 1975) la comunicación entre matrimonios conflictivos es una comunicación defensiva y con poca comunicación de apoyo. Con una comunicación defensiva se hace cada vez más difícil resolver problemas o crisis. Según Gibb (1961) tal comunicación suele ser tendente a evaluar y controlar la conducta del otro y procuran impresionar a los demás.
Lo que empieza siendo una dificultad, si no hay ayuda mutua, puede terminar siendo una patología. Para que haya una pareja tiene que haber dos personas con mayúsculas. Para mí la persona va creciendo como persona en la medida que crece en su amor. El hombre se manifiesta en varios ámbitos pero su grado de amor o desinterés va a ser igual en todos los campos. Si amar es desear y procurar lo que uno considera bueno para otra persona, lo que uno considera bueno dependerá de lo que viva en toda su vida. Podría considerar que el máximo bien es tener una vida plena, llena de sentido, con lo cual se encaminaría a ayudar a la otra persona a vivirlo, o bien podría pensar que es lo material el máximo bien, con lo cual no acercaría al otro a su crecimiento como persona, con los efectos perjudiciales que ello conllevaría.

3.18. INFLUENCIA DE LOS FACTORES PSÍQUICOS EN LA ENFERMEDAD
Aunque se cree que los factores psicológicos influyen en el desarrollo de todas las enfermedades, en algunas de ellas, denominadas trastornos psicosomáticos, esta influencia es mayor.
Por eso, como dice López-Ibor: "... cualquier médico en su práctica cotidiana, habrá de tener en cuenta los aspectos psicosociales de sus enfermos, a menos que quiera ser sólo un mal veterinario...".
Sabemos por ejemplo que la hostilidad, sobre todo la reprimida, se ha relacionado con todo tipo de enfermedades psicosomáticas (Cooper 1983). Pongo como ejemplo de enfermedad que se ha relacionado específicamente con este factor a la hipertensión arterial; enfermedad en la que se ha recomendado como primera medida la meditación.
Para resolver la hostilidad son beneficiosas el poner en práctica las actitudes que hemos visto en la primera parte y, en concreto y como fundamental: una revisión de la actitud vital, y una revisión de la actitud hacia las situaciones y personas, procurando que ambas sean lo más constructivas posible.
No es habitual que en la medicina tradicional se atiendan los factores psicológicos. López-Ibor analiza con acierto los motivos de rechazo a la inclusión, dentro de los programas de las facultades de medicina, de los programas de prevención de enfermedades y promoción de la salud recomendados por la Declaración de Edimburgo (Federación Mundial de Educación Médica, 1988): la aducción de que no se sabe lo suficiente del tema, considerándolo un tema trivial y de corta vida, que sólo sirve para irritar y "que carece de la aureola de la evidencia científica". Me diréis que hace falta tener ganas por parte del médico para procurar al paciente un tratamiento que ni pide, ni que desea en principio, ya que le costaría cambiar, por el que no se obtendría ningún prestigio sino que, por el contrario, podría ser uno acusado de mil cosas, entre otras de crear sentimientos de culpa al paciente, como una de las defensas que tendría el paciente para evitar el cambio. Llega uno a creer que lo ideal es el autoengaño, que el paciente siga creyéndose perfecto. Y por si esto no fuera poco, presiones por parte de los organizadores de falta de operatividad, de entretenerse mucho con los pacientes. Es más cómodo dar una pastilla o aplicar un tratamiento solamente atendiendo a la parte más física, no psíquica, y seguir en el papel de médico tradicional, con las quejas habituales pero no otras. Sin duda es fácil autoengañarse aludiendo a falta de eficacia demostrada o ni siquiera eso. Sin duda, el bien real no siempre es bien recibido, aunque siempre hay algo que se capta, pero, desde luego, si se brinda el tratamiento oportuno, se hace un bien, aunque a la persona le cueste mayor esfuerzo en un momento determinado.
Por ejemplo, en el caso del cáncer existen muchos factores que pueden influir en la aparición del mismo. Cuando surge un cáncer se pone de manifiesto un desequilibrio entre el crecimiento de determinadas células tumorales y la capacidad del organismo para defenderse de ellas o, en definitiva, la capacidad del organismo para curarse en general. Habitualmente la atención médica se centra en hacer desaparecer las células tumorales, lo cual está muy bien como parte fundamental del tratamiento, pero, sin duda, podía ser más completo y abarcar más factores. Generalmente, hay escasa intervención sobre algunos de los factores que podrían haberlo propiciado, así como factores que podrían estar interfiriendo en mantener unas óptimas defensas o inmunidad del organismo, aunque en algunos cánceres ya se habla de tratamientos químicos en este último sentido.
Uno de los factores que sin duda influye tanto en la aparición como en la evolución del cáncer son los factores psicológicos (Lederberg). Estos factores psicológicos podrían estar alterando las defensas del organismo o afectando a la respuesta al tratamiento, además de otras posibilidades de intervención con respecto al propio crecimiento tumoral en sí. Se han visto relacionados tanto con el inicio como con la evolución (Lederberg). Hay que reconocer el mérito de aquellas personas dedicadas a terapias alternativas que al menos tuvieron en cuenta la capacidad de curación o la capacidad de defenderse del organismo, tan relegada a un segundo plano hoy en día. Y por supuesto, no me refiero a las terapias fraudulentas o a los que tenían otra visión parcial diferente, quizá considerando únicamente la influencia de lo psíquico, y no el asunto de forma global, dejando por ello sin atender a todos los factores implicados en el tratamiento, así como privándose del beneficio de los mismos.
El tratamiento psicológico que podría beneficiar a un paciente con cáncer no consiste sólo en favorecer la adaptación a la enfermedad, sino que es fundamental tratar aquellos factores psicológicos que podrían haberlo propiciado. Pienso que todo lo que sea encontrarle un sentido a la enfermedad poniéndola al servicio del bien común, dirección que siempre orienta, aunque suene un poco raro en un momento en el que uno se encuentra más necesitado de lo habitual; por supuesto incluyendo en esa dirección todo lo que podemos aprender de la enfermedad, utilizándola como un aviso de que algo puede mejorar. El encaminarnos a curar la vida, incluyendo cualquier tratamiento específico del cáncer será beneficioso. El repasar la actitud de vida, la actitud ante los acontecimientos y personas, nuestros sentimientos hacia las personas, revisando, muy especialmente, si albergamos sentimientos de hostilidad, tan dañinos para nuestra salud. Sin duda, todo esto es mejorable para cualquier persona. Una persona con cáncer hará bien en aprovechar el beneficio que le puedan brindar el tratamiento de todos los factores implicados. Encontrarle un sentido a la enfermedad será la mejor forma de aceptarla y, sin duda, esto tendrá un efecto beneficioso en nuestra salud. No se trata por supuesto de ver en qué podemos mejorar para sentirnos culpables, ya que eso sería un nuevo mal, sino para aprender, gracias quizá al aviso que nos brinda el cáncer, y mejorar, de cara al futuro. Eso siempre es bueno y saludable.

3.19. "TENGO QUE OCUPARME DE MÍ"¡Error! Marcador no definido.
Cuantas veces oímos: "no puedo ocuparme de nada ni de nadie, tengo que ocuparme de mí". Y yo me pregunto, ¿cómo se ocupa uno de sí mismo? Generalmente la persona que dice eso se refiere a ocuparse de sí estando pendiente de ella misma, de tener todo tipo de comodidades, pendiente de lo que otros le brinden, pendiente de que nadie la moleste con sus comentarios o le dañe. Esta actitud se podría resumir en que la persona piensa más en recibir que en aportar algo y que sitúa el origen de su bienestar en algo ajeno a sí misma, no es capaz de reconocer la influencia de su propia interpretación de los hechos o de su propia conducta en su felicidad. Por esta vía, la persona llega a hacerse insaciable en sus demandas, todo le molesta y todo le parece poco, sigue pensando que la felicidad le va a venir de fuera y no de ella misma.
La que no quería que la molestasen o tenía que ocuparse de sí va incrementando su grado de ansiedad o nerviosismo, cada vez más convencida de que tiene que ocuparse de sí.
En definitiva vemos que la persona nunca está satisfecha, todo le parece mal, se siente injustamente tratada, poco valorada, lo cual puede dar lugar a sentimientos de hostilidad, tan dañinos para la salud y tan relacionados con todo tipo de enfermedades psicosomáticas, piensa que su felicidad se debe a algún factor externo.
Pueden ocurrir entonces dos cosas, que continúe por esta vía, o bien que reflexione, que cambie de actitud, lo cual es siempre posible mientras hay vida, bien de forma espontánea o ante alguna circunstancia de la vida, y vislumbre otra forma de ocuparse de sí sin estar pendiente de sí, ocuparse de sí ocupándose de los demás, lo cual no tiene nada que ver con dejarse manipular por ellos, sino que pensando más en lo que ella misma puede aportar que en lo que recibe, lo cual le hará sentirse más responsable de su felicidad, lo cual, aunque en un principio abrume un poco, está lleno de posibilidades. El pensar en los demás, siempre que sea de forma desinteresada, la hará ser más creativa, fomentará el desarrollo de sus capacidades y le facilitará ir superando las limitaciones que todo el mundo tiene, ya no sentirá que su felicidad depende de lo que otros le hagan, sino que depende de sí misma, de lo que ella haga, lo cual está en su mano.
Paradójicamente nos ocupamos mejor de nosotros mismos cuanto más nos ocupamos del otro de la forma más desinteresada posible.

3.20. EDUCACIÓN EN LA ESCUELA:
La educación en la escuela es el segundo eslabón en importancia con respecto a la educación de los niños. Iría en importancia después de la educación de los padres.
Cuando un niño está falto de educación, y eso se detecta en la escuela generalmente, la familia entera está necesitada de la misma.
El maestro ahorrará tiempo si ve la realidad y se encamina a mejorarla sin dilación. No diciendo que eso correspondía a los padres o algo parecido. Si no asume su papel y se empeña en que la realidad tiene que ser distinta de como es, que el niño tenía que estar ya educado y los padres también, el asunto sin duda se irá complicando y seguirá pasando a nuevos escalones hasta es posible que pudiese llegar, si nadie lo atiende, a la cárcel.
Dentro de la función del maestro está educar al niño. De hecho el maestro educa o deseduca con su comportamiento, con su forma de comportarse y de afrontar lo que ocurra en clase. Si existe un niño con especiales dificultades en una clase, todos los alumnos de esa clase se beneficiarán de que el profesor haga lo que pueda por la educación y carencias de ese niño. No es cierto que la clase se vaya a beneficiar de que no haga nada o emita multitud de quejas al respecto, empeorando, sin duda, el asunto. Para el resto de los alumnos, sin duda, el tratar a aquella persona necesitada en vez de pedir que se la lleven a otra parte para no verla, sería una fuente de educación porque estar educado tampoco consiste en estar sólo bien externamente, sino que se necesita educar la buena actitud hacia todas las personas. Es posible que el mismo profesor que no se encamina a mejorar las dificultades de un alumno suyo con dificultades, pretenda que los niños sean como él dice. No se trata de crear sumisos, sino de facilitar y guiar el crecimiento de personas con su individualidad propia.
La actitud más implicada en esta situación es el objetivo hacia el que se dirige el profesor con su actuación con cada alumno, así como una visión amplia del asunto. El objetivo no debería perderse nunca, pase lo que pase. El objetivo siempre tiene que estar en la mente del profesor, lo cual le llevará a no hacer nada con otro objetivo, como por ejemplo defenderse a sí mismo. El que sea o no un buen maestro dependerá en gran medida de eso. ¿En qué piensa el profesor cuando por ejemplo es insultado?, ¿en sí mismo o en el niño? Si quiere ser eficaz tiene que pensar siempre en el niño y curiosamente haciéndolo se beneficiará mucho más. Salvaguardando su ego no hará sino hacer lo que hace una gran mayoría inútilmente. Frases como "esto no se puede consentir", "esto es intolerable", tendrían que estar fuera de su lenguaje porque realmente no solucionan nada, sino que, sin duda, empeoran.
¿Quién se arriesga a educar a un niño difícil a riesgo de ser considerado tonto? La respuesta es que muy pocos. ¿Quién tiene más responsabilidad, el niño difícil de un ambiente marginal que ocasiona problemas en la clase o bien aquellas personas que no utilizan sus recursos para ayudarle? El niño quizá pegue, golpee las cosas, ¿es peor eso que la indiferencia con la que puede ser tratado? Sin duda, no.


















CONCLUSIONES:
Tener salud podría equipararse a tener una vida plena, llena de sentido, hacer lo máximo con lo que se tiene.
El hacer lo máximo con lo que uno tiene requiere una serie de actitudes que guían la vida en el mejor sentido. De estas actitudes, la fundamental es la actitud vital o la dirección que se le pone a la propia vida, a la propia existencia con sus características particulares y únicas. Lo más saludable sería elegir poner la propia vida al servicio del bien común. Elegir esto no es fácil en una sociedad con tantos intereses particulares creados, pero, sin duda, está al alcance de todo el mundo.
Las actitudes saludables además de ayudar a prevenir enfermedades físicas y patología psíquica, son fuente de bienestar personal y de un óptimo desarrollo de la persona.
La elección de unas actitudes u otras tiene sus efectos. En la sociedad del momento actual estamos más bien sufriendo las consecuencias de las actitudes más materialistas, hedonistas y egoístas, aquellas en las que cada uno piensa en sí mismo y sus asuntos. Sería deseable pararse a pensar hacia qué mundo nos dirigimos con esto.
El cambio siempre empieza por uno mismo. Esto, sin duda, llevará a la persona a transmitirlo con el ejemplo de su conducta, y a querer comunicarlo, ya que ésta es una característica de la persona que ha descubierto una forma más sana y más humana de vivir.




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-WATTS, F.N., BENNETT, D.H. (1983). Rehabilitación Psiquiátrica Teoría y Práctica. México, Editorial Limusa

3 Comments:

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